Las guerras, vistas desde cualquier ángulo, siempre son dolorosas. Nadie las elige como primera opción. Sin embargo, la historia demuestra que cuando un conflicto es impuesto y no deja margen de maniobra, salir a enfrentarlo sin concluirlo puede ser aún más costoso. Israel lo sabe: cada guerra que no terminó de manera definitiva volvió, con el tiempo, en una versión más compleja y más cara.
Ese es, según distintos analistas, el caso del conflicto inconcluso con Irán. Un punto clave se remonta a junio del año pasado, cuando Teherán violó acuerdos vigentes y bombardeó el hospital de Beerseva, destruyendo quirófanos y áreas críticas. Israel tenía la decisión tomada de responder con un ataque masivo contra infraestructuras estratégicas del régimen iraní. Los aviones estaban en vuelo. Pero una llamada del entonces presidente estadounidense Donald Trump a Benjamin Netanyahu cambió el curso de los acontecimientos: la ofensiva fue cancelada y las aeronaves regresaron sin atacar.
Las consecuencias de aquella decisión se sienten hasta hoy. Irán continuó su rearme con misiles balísticos, drones y avanzó en su programa nuclear. Las sanciones internacionales golpearon su economía, pero no lograron debilitar al régimen, que siguió reprimiendo a su propia población. El resultado es un escenario regional más inestable y un conflicto latente que nunca se cerró.
En términos económicos, el impacto es enorme. Mantener un estado de guerra no resuelto con Irán le cuesta a Israel cerca de 100.000 millones de shekels por año, unos 29.000 millones de dólares. Recursos que podrían destinarse al desarrollo del norte y el sur del país, a hospitales, escuelas, salarios docentes o infraestructura básica, pero que se consumen en defensa porque la amenaza persiste.
La experiencia no es nueva. La Segunda Guerra del Líbano en 2006, inconclusa, derivó en el fortalecimiento de Hezbollah en la frontera norte. El patrón se repite: cuando una guerra no se gana ni se cierra, regresa. No se trata de belicismo ni de pacifismo, sostienen estas miradas, sino de realismo. En Medio Oriente, no concluir un conflicto suele ser la peor de las opciones.
Natalio Steiner, director de Comunidades Plus
