El escenario entre Estados Unidos e Irán se acerca a un momento decisivo. Las reiteradas amenazas del presidente Donald Trump y la creciente concentración de fuerzas militares estadounidenses en Medio Oriente comienzan a leerse como una señal inequívoca de que Washington se prepara para un giro drástico en su política hacia Teherán. Sin embargo, aún persiste la incógnita central: hasta dónde está dispuesto a llegar Trump y cuál será el curso concreto de acción.
En las próximas 48 horas, Estados Unidos anunciaría la finalización de sus preparativos militares, coincidiendo con la llegada del portaaviones USS Abraham Lincoln al área de responsabilidad del Comando Central. A partir de ese momento, según fuentes de seguridad, la Casa Blanca activaría una cuenta regresiva. Sobre la mesa aparecen tres escenarios: una ofensiva militar de gran escala destinada a derrocar al régimen iraní; un ataque puntual, con el objetivo de enviar un mensaje disuasivo a la dirigencia y a la sociedad iraní; o bien una amenaza explícita acompañada de un ultimátum para forzar un acuerdo bajo presión.
En Israel, las Fuerzas de Defensa se preparan para cada una de estas alternativas. El diagnóstico dominante en el sistema de seguridad es que Trump estaría dispuesto a “ir por todo”. Esa evaluación implica riesgos directos para la región: Irán podría responder con el lanzamiento de misiles contra territorio israelí, lo que derivaría en una escalada mayor e incluso en la eventual participación de Hizbolá. No obstante, también se analiza si Teherán estaría dispuesto a pagar el costo de una respuesta militar que podría desencadenar un efecto dominó difícil de controlar.
La opción de una amenaza con fines negociadores es vista con cautela en Jerusalén. Existe una fuerte preocupación de que un acuerdo incompleto obligue a Israel, en el futuro, a actuar en soledad frente al fortalecimiento militar iraní. Como ha advertido el primer ministro israelí, el régimen de Teherán no ofrece garantías suficientes de cumplir compromisos a largo plazo. Así, mientras el reloj avanza, el gran interrogante sigue abierto: cuál será finalmente la decisión de Trump en un contexto que puede redefinir el equilibrio de poder en Medio Oriente.
