27 de enero de 2005, la ONU instituye esta fecha como DÍA INTERNACIONAL DE CONMEMORACIÓN EN MEMORIA DE LAS VÍCTIMAS DEL HOLOCAUSTO.
27 de enero de 2026, conmemoramos el 81 aniversario de la liberación del campo de concentración y exterminio de Auschwitz.
Como hija de padres, ambos que sobrevivieron dicha inconmensurable tragedia, prefiero referirme a ésta como Shoah, palabra que intenta destacar la singularidad del inefable hecho.
Adhiero a esta recordación, como acto simbólico que recuerda a todas las víctimas del nazismo. Sin embargo, no puedo evitar cuestionar el término “liberación” porque muchos interrogantes me surgen al respecto.
Cómo mencionara Jack Fuchs, de bendita memoria, sobreviviente de Auschwitz, esa supuesta “liberación”, fue en realidad el encuentro del ejército Rojo, con huellas del horror perpetrado y sobre el cual ya tenían noticias tanto los aliados como los soviéticos, desde hacía mucho tiempo, pero intereses políticos, militares, y expansionistas, entre otros, retardaron una acción voluntaria para frenar el horror, antes de la ambiciosamente denominada “liberación”.
Dicho esto, reitero que conmemorar es un acto simbólico fundamental, que tiene el propósito de un digno homenaje a las víctimas y también el objetivo de transmitir a través de las generaciones, el destino extremo al que pueden conducir los discursos del odio.
En la actualidad, aquello ocurrido entonces, que acompañó mi crecimiento como una narración de hechos trágicos, que en mi ingenuidad parecían irrepetibles, se configura nuevamente como la amenazante encarnación del odio enmascarado en antisionismo, en guerras como las que azotan a la humanidad desde tiempos originarios; pero cada vez con armas más poderosas.
Muchos no sobrevivieron 1945, los que fueron arrancados de la vida y los descendientes que no pudieron ser. Otros, como Agnes Mero ( Mandl) y Aron Kupferminc sí; y también Mirta y yo, sus hijas; y sus nietos y bisnietos….y deseamos que la cascada generacional continue su curso.
Por eso este acto es importante, porque es la voz de los que no están pero deben continuar vivos ofreciendo resistencia ante el amenazante poder destructivo de ciertas facciones de la variopinta humanidad, en la que con la inocencia perdida, pero con fe y esperanza, todavía confiamos que sean estos los valores que prevalezcan sobre el mal radical.
Margarita Kupferminc
