Con motivo de la conmemoración anual del Día Internacional de Recordación del Holocausto, hace dos días, la secretaría general de la ONU hizo un comunicado, y entre sus frases, destacamos:
“Hoy honramos la memoria de las víctimas del Holocausto con una reflexión solemne y una determinación inquebrantable. El Holocausto no fue inevitable. Quienes lo idearon manifestaron sus intenciones con claridad; su odio y violencia estaban a la vista de todos. Los hechos son innegables. Sin embargo, hoy en día vemos avanzar las fuerzas de la distorsión y la negación. El antisemitismo, la intolerancia, el racismo y la discriminación son avivados por la retórica deshumanizadora y facilitados por la indiferencia. Debemos adoptar una postura firme, en la que honremos a las víctimas del pasado y evitemos nuevas atrocidades. Debemos renunciar al odio y a la injusticia dondequiera que aparezcan. Debemos defender el derecho de toda persona a vivir sin miedo, con dignidad y en paz. Ese es el fundamento de las Naciones Unidas”.
El fundamento de la ONU lo conocemos, pero la realidad dice que se lo ha tirado a la basura hace tiempo. Cuando Guterres señala que hoy ve avanzar la distorsión y la negación, ¿no se pregunta por qué no enfrentó en sus diez años en el cargo al terrorismo, las dictaduras aberrantes como la de Irán, pero sí fue capaz de decir que el intento de genocidio de Hamas el 7/10/23 fue en un “contexto”? El mensaje desde el punto de vista de lo que está escrito es lo que se debe decir. Pero es aberrante que lo emita hoy la ONU.
Vayamos 22 años atrás y podremos comprobar que el entorno llamado comunidad internacional se precipitó al vacío hace tiempo. Y no porque nos parezca a nosotros observando el antisemitismo de hoy, sino recurriendo a las palabras y conocimientos de quienes sí supieron lo que es un mensaje oprobioso, mentiroso y manipulador.
El Premio Nóbel de Literatura y sobreviviente de la Shoá Imre Kertesz dijo en 2004 ante una pregunta periodística de por qué su literatura siempre está centrada en Auschwitz, que “Es verdad que los campos siguen siendo mi fuente de inspiración, que siempre pienso en eso, desde un punto de vista simbólico. En cuanto a que aquello sigue determinando nuestras vidas, pienso que desde lo de Auschwitz no ha habido ningún cambio cualitativo. No hemos pasado del sistema del odio al sistema del amor. Y todo lo que pasó entonces, por tanto, puede volver a pasar; de modo que uno no puede pensar en otra cosa cuando escribe. Uno no puede pensar que vivimos en otra cultura que en la que vivimos”.
Hoy, quizás, Kertesz se sentiría más acongojado por la continuidad de la falta de cambio hacia el amor en un mundo donde el Derecho Internacional se hundió y la política y la fuerza bruta nos mandan paleolíticamente. Y, además, si sucedió puede volver a pasar. Lo dijo Kertesz en 2004 y lo dijo hace 2 días un Senador uruguayo en la sesión conmemorativa de este 27 de enero y lo vemos todos cuando el antisemitismo está siendo naturalizado, protegido e impulsado desde gobiernos y partidos políticos en todo el planeta.
También en 2004, le preguntaron a Kertesz si la barbarie del Holocausto se puede olvidar y contestó:” No se puede olvidar. Después de Auschwitz se perdieron todos los valores europeos y no los hemos recuperado todavía. Durante años no hemos prestado atención al genocidio que se estaba produciendo en los Balcanes, sin que nadie interviniera. Porque la experiencia de la II Guerra Mundial paralizó a Europa; así que aquello tiene todavía consecuencias políticas. Y los alemanes siguen preocupados por su culpabilidad, incluso cuando se ha descubierto que toda Europa participó en el Holocausto. Un amigo mío, historiador, descubrió que las tropas que ejecutaban las penas de muerte y el exterminio de judíos en Ucrania eran húngaras”.
Los valores de los que hablaba el escritor no han vuelto. Quizás, y hay que buscar mucho, aparecieron otros. Las víctimas, sus hijos, nietos y bisnietos, y así sucesivamente no podrán olvidar, porque no deben. Y no deben no sólo porque aquel que olvida su pasado está condenado a repetirlo, sino porque Kertesz llegó a ver de lo que fueron capaces de hacer en los Balcanes, pero no llegó a ser testigo de lo que Rusia hace en Ucrania hace 4 años, con el entorno de más de un millón de muertos y una indiferencia universal que no asombra, pero sí vuelve a horrorizar. Seguimos indefensos ante los bárbaros.
Elie Wiesel, Premio Nóbel de la Paz y sobreviviente de Auschwitz, dejó en sus libros, sus conferencias, sus clases, un fuerte legado que también hace añicos el mensaje de la ONU de hace dos días.
“Por ser judío, me he convertido en militante, testigo y voz para defender a las víctimas, a cualquier tipo de víctima… La indiferencia del mundo permitió el asesinato masivo y sistemático de 6 millones de judíos. Fuimos sacrificados, traicionados e ignorados por todos, menos por el enemigo. Por ello, para honrar a las víctimas, he consagrado mi vida a luchar contra la indiferencia. Aunque yo anhelo la paz y nunca he tenido un arma en mis manos, no soy un pacifista. Creo en el uso de las armas cuando hay que defenderse del enemigo. En la Segunda Guerra Mundial hubiera dado lo que fuera por unirme al ejército y pelear. Hoy pienso que el terrorismo es la cuestión más urgente que enfrenta la humanidad. Durante muchos años, viví obsesionado con las desgracias que podían acontecer si los terroristas adquirían armas nucleares o bacteriológicas y compartí esta preocupación con cada primer ministro o presidente que conocí. La mayoría se burló de mí: argüían que yo tenía fantasías de escritor. Hoy, desgraciadamente temen que esto pueda suceder”.
Tener una visión extraordinaria del futuro no es para cualquiera, pero sabemos que Wiesel fue un ser excepcional. Hoy todos sabemos que en la Shoá fuimos sacrificados e ignorados. Wiesel lo dijo cuando nadie se atrevía. Hoy es una luz roja que mantenemos encendida porque somos conscientes en qué mundo estamos. Y estamos en el mundo que quiere borrar el pogromo del 7/10, en el mundo que naturaliza la banalización de lo que es un genocidio, en el mundo de la demonización antisemita, pero que cada 27 de enero expele mensajes como el de la ONU. O sea, nos mienten en la cara, porque como dijo Wiesel, además de sacrificados e ignorados fuimos traicionados. 364 días del año con discursos y actos de odio para querer lavar el oprobio en uno solo no es algo que vamos a callar o dejar de denunciar.
Y qué decir cuando Wiesel advierte no sólo del terrorismo y hasta dónde puede llegar, sino la brutal indiferencia y burla de la que fue objeto cuando marcó a fuego una realidad que hoy ha carcomido la convivencia en todos los continentes. Nadie ha quedado fuera del alcance del terrorismo, y hoy sus armas y su odio conducido por estados que lo consagran como su objetivo primario nos apuntan a todos a la cabeza.
A todos, no importa donde estemos. A todos, seamos pequeños o potencias. E inspiran al odio. En mi país, el Carnaval solía ser una fiesta popular y divertida. Dejó de serlo hace tiempo. Hace un año, un grupo creyó oportuno practicar antisemitismo poniendo en escena “El mercader de Venecia” y resaltando la caricatura judía que tanto usó la Alemania nazi 500 años después. Este año, otro grupo le pareció trascendente presentar una historia refiriéndose a cómo hacer jabón de los judíos asesinados. Ha habido múltiples reacciones contra este agravio e incitación al odio. Pero en nombre de la libertad de expresión, este grupo va a seguir incitando al odio antisemita 80 veces en menos de dos meses, con autorización plena e impunidad absoluta.
Kertesz y otras víctimas del nazismo decían hace más de 2 décadas que no pasamos del sistema del odio al del amor. El ejemplo último que mencionamos muestra que quienes mantienen viva la llama del antisemitismo siguen sólo en el sistema del odio. Y que no son discursos los que pueden poner freno a eso. Este 27 de enero nos mostró que hay que aferrarse a los que mantienen el convencimiento de que combatir el antisemitismo es una lucha de supervivencia que trasciende a la sociedad. Pero teniendo presente y recordando sin pausa que los que están en la vereda de enfrente no son pocos y están dispuestos a todo lo que respalde su barbarismo.
