Ni paz ni reconstrucción: el verdadero plan de Hamas para Gaza – Natalio Steiner

Oriente Medio está cambiando a una velocidad vertiginosa, aunque no siempre en una dirección clara. Procesos que se gestaron durante años emergen en pocos días con una intensidad difícil de dimensionar. Otros, en cambio, permanecen ocultos, lejos del foco mediático, mientras la agenda pública se distrae entre titulares fugaces y el ruido constante de las redes sociales.

En ese contexto se libra una batalla silenciosa pero decisiva: la disputa por el control de Gaza y, en un plano más amplio, por la influencia en todo Oriente Medio. Esta semana se cerró un nuevo y doloroso capítulo de la guerra iniciada el 7 de octubre, una guerra que está lejos de haber terminado. El hallazgo del cuerpo del soldado secuestrado Rank Billy en la Franja de Gaza, cinco meses después de que Hamas se comprometiera a devolver a todos los soldados y policías en su poder, volvió a exponer una realidad incómoda.

Durante ese tiempo, Hamas no se replegó ni mostró señales de debilidad. Por el contrario, se consolidó internamente, ajustó cuentas con opositores dentro de Gaza y reforzó su control mientras era atacado. Ni siquiera el Comité de Gestión de Gaza, integrado por figuras cercanas a la Autoridad Nacional Palestina —enemigos declarados de la existencia de Israel— representa una amenaza para la organización terrorista. Hamas no los combate: los infiltra y los utiliza.

La estrategia es clara. Hamas busca dejar atrás, al menos en apariencia, la imagen de una organización terrorista para presentarse como un actor preocupado por el bienestar civil. No se trata de caras nuevas, sino de un viejo mecanismo: la yihad silenciosa, ahora disfrazada de discurso de derechos civiles y gestión humanitaria.

Resulta paradójico —y alarmante— que el mismo Hamas que torturó, asesinó y expuso deliberadamente a su propia población civil a la guerra, intente ahora mostrarse como un “salvador” de los gazatíes, en el marco de eventuales acuerdos o arreglos regionales impulsados por Donald Trump.

Frente a ese escenario, Israel exhibe su arma más poderosa: la moral que emana de la Torá y del judaísmo, el principio irrenunciable de no dejar a ningún judío ni a ningún israelí atrás. La recuperación del último cuerpo secuestrado no es solo un acto humanitario, sino un mensaje estratégico. Hamas entiende entonces que cada secuestro altera la ecuación y que el Estado de Israel está dispuesto a llegar hasta el final, incluso desenterrando Gaza, para cerrar definitivamente el círculo sobre la organización terrorista.

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