La derrota parcial de Irán y el miedo estratégico de Erdogan – Natalio Steiner

La derrota incompleta de Irán en la guerra de junio de 2025 explica buena parte de la incertidumbre geopolítica que se vive hoy en Medio Oriente. Teherán continúa amenazando a Israel, intenta reconstruir su poder nuclear y militar, y se enfrenta a Estados Unidos, que no puede —ni quiere— permitir ese escenario. De haber sido total aquella derrota, sostienen algunos analistas, el tablero regional sería muy distinto. Sin embargo, el conflicto no terminó: en muchos sentidos, recién comenzó.

Esa derrota parcial de Irán tuvo una consecuencia directa y menos visible: el fortalecimiento de Turquía como actor regional. Bajo el liderazgo de Recep Tayyip Erdogan, Ankara impulsa una política neo-otomana, con ambiciones de expansión en Medio Oriente, el norte de África y el Mar Rojo. Desde el 7 de octubre de 2023, Turquía tomó a Israel como blanco discursivo y diplomático, deslegitimando su derecho a la defensa, apoyando a Hamas y promoviendo denuncias contra dirigentes israelíes en foros internacionales. No se trata solo de ideología o religión, sino de una disputa estratégica por hegemonía regional.

Turquía ha ampliado su influencia en Siria —especialmente en la zona fronteriza— y mantiene presencia militar en Somalia y Libia, con bases portuarias y aéreas clave. Frente a este avance, Israel reforzó alianzas con Grecia, Chipre y Somalilandia, territorios estratégicos y, en algunos casos, adversarios históricos de Ankara. El reconocimiento israelí de Somalilandia responde, justamente, a su ubicación geopolítica, a pocos kilómetros de los hutíes y en una zona codiciada por Turquía.

En este contexto, Ankara teme una caída del régimen iraní en un nuevo conflicto. Por eso intenta mediar entre Irán y Estados Unidos: busca ganar tiempo, enfriar una posible reacción militar y preservar al régimen de Teherán, no por razones humanitarias, sino por conveniencia propia. Turquía teme que un Irán occidentalista vuelva a aliarse con Israel, como antes de 1979, y frene su expansión. También le preocupa un nuevo flujo masivo de refugiados y, sobre todo, el impacto que una desestabilización iraní tendría sobre la cuestión kurda, que amenaza directamente la unidad territorial turca. El escenario sigue abierto y los próximos días serán determinantes.