La historia de los judíos en Grecia es una de las más antiguas y menos conocidas del mundo judío. No comienza en la Edad Media ni con la expulsión de España, sino en la Antigüedad clásica, cuando ya existían comunidades judías organizadas en el espacio helénico. Aquellos primeros judíos, conocidos más tarde como romaniotas, hablaban griego, utilizaban traducciones helénicas de la Torá y desarrollaron prácticas litúrgicas propias, integrándose activamente en la vida urbana, comercial y cultural del Mediterráneo oriental sin perder su identidad religiosa.
La llegada de los judíos sefardíes expulsados de España en 1492 marcó un punto de inflexión. Miles encontraron refugio en el Imperio Otomano y se asentaron en ciudades griegas, especialmente en Salónica, que llegó a ser mayoritariamente judía durante siglos. Allí florecieron imprentas hebreas, periódicos en ladino, sindicatos comunitarios y una vida cultural intensa. El ladino se convirtió en mucho más que una lengua: fue un vehículo de memoria, afecto y transmisión cultural que convivió con el griego moderno y el hebreo litúrgico.
Ese mundo fue prácticamente aniquilado durante la ocupación nazi entre 1941 y 1944. Más del 85% de los judíos griegos fueron asesinados, y Salónica perdió casi a toda su comunidad. “Nos llevaron como griegos, nos mataron como judíos”, escribió un sobreviviente nacido en la ciudad. Tras la guerra, los pocos sobrevivientes regresaron a ciudades irreconocibles, con propiedades ocupadas y una memoria muchas veces silenciada.
Hoy, unas 5.000 a 6.000 personas sostienen pequeñas pero activas comunidades en Atenas y Salónica, con sinagogas, escuelas y museos. La restauración de sitios históricos, como la sinagoga de Rodas, y el fortalecimiento del vínculo con Israel —basado en la memoria de la Shoá y en intereses estratégicos actuales— forman parte de un proceso de reconstrucción identitaria. Recuperar la historia del judaísmo griego no es solo un ejercicio académico: es un acto de memoria colectiva. Porque entre el Egeo y Jerusalén, esa historia sigue hablando en griego, en ladino y en hebreo, y aún hay quienes están dispuestos a escucharla.
Natalio Steiner, director de Comunidades Plus
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