Los judios ucranianos: Entre la historia y la guerra – Natalio Steiner

Cuando Rusia lanzó su invasión a gran escala en febrero de 2022, muchos anticiparon que las comunidades judías en Ucrania quedarían dispersas, silenciadas o incluso borradas. Tres años y medio después, el impacto es profundo: sinagogas cerradas en numerosas ciudades, líderes comunitarios que emigraron y un éxodo que transformó de manera drástica el mapa demográfico. Sin embargo, en medio de la guerra, aún quedan quienes resisten, reclaman memoria y buscan reconstruir desde las ruinas.

Antes del conflicto, las estimaciones sobre la población judía en Ucrania variaban ampliamente. Los registros oficiales hablaban de menos de 50.000 personas que se identificaban formalmente como judías, mientras que organizaciones comunitarias calculaban entre 170.000 y 200.000 personas con vínculos judíos. Desde el inicio de la guerra, la emigración fue masiva: entre 2022 y 2023, unos 41.000 judíos ucranianos hicieron aliá a Israel y otros 15.450 se trasladaron a distintos países europeos.

Hoy se estima que la comunidad judía permanente en Ucrania se redujo a unas 43.000 personas, apenas un 3% de lo que alguna vez fue una vida comunitaria vibrante. Quienes permanecen enfrentan desafíos constantes: inseguridad por los bombardeos, dificultades para reunir un minian para rezar, escasez de recursos básicos, aislamiento y una vida comunitaria fragmentada. Organizaciones judías internacionales intensificaron sus esfuerzos para brindar ayuda humanitaria, asistencia social y apoyo logístico, especialmente a ancianos y sectores vulnerables.

Aun así, no todo es huida. En varias localidades, las comunidades que resisten intentan reorganizarse, celebrar festividades en condiciones precarias y sostener su identidad. Un ejemplo simbólico fue la llegada de miles de peregrinos judíos a Umán en Rosh Hashaná durante 2024 y 2025, pese a las advertencias de seguridad, reafirmando una presencia que desafía la guerra.

La historia judía en el territorio que hoy es Ucrania se remonta al menos al siglo X, con comunidades provenientes del Imperio Bizantino, Persia y Medio Oriente. A lo largo de los siglos, hubo períodos de integración y desarrollo, pero también de violencia extrema: desde las masacres cosacas de 1648 hasta los pogroms del siglo XIX y comienzos del XX. El Holocausto devastó a las comunidades judías ucranianas, con entre 850.000 y 1.600.000 víctimas, siendo Babi Yar, en Kiev, el símbolo más brutal de ese genocidio.

Tras décadas de represión soviética y un breve renacimiento comunitario después de la caída de la URSS, la guerra volvió a poner a prueba la continuidad judía en Ucrania. Hoy, entre el exilio y la resistencia, la comunidad enfrenta una vez más el desafío de sobrevivir, preservar su memoria histórica y sostener su identidad en uno de los momentos más críticos de su historia.

Natalio Steiner, director de Comunidades Plus

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