Vida judía en Ucrania pese a todo – Natalio Steiner

Las relaciones diplomáticas entre Ucrania e Israel se establecieron poco después de la independencia ucraniana en 1991 y, desde entonces, Jerusalén ha seguido de cerca la evolución política del país, en especial en temas vinculados a la memoria del Holocausto, los derechos de las minorías y la emigración judía. Con el paso de los años, estos ejes se volvieron centrales en un vínculo atravesado por la historia compartida y, más recientemente, por la guerra.

Israel ha facilitado durante décadas el proceso de aliá para judíos ucranianos, especialmente tras la desintegración de la Unión Soviética. Ese flujo se intensificó desde el inicio del conflicto armado, hace ya cuatro años. Solo en la primera mitad de 2023, miles de judíos provenientes de Ucrania llegaron a Israel, muchos de ellos en situaciones de extrema vulnerabilidad, con necesidades urgentes de refugio y reubicación. La Agencia Judía desplegó operativos especiales para asistir a comunidades en zonas de combate, evacuar personas en riesgo y brindar apoyo logístico y humanitario.

En el plano diplomático, la postura israelí frente a la guerra ruso-ucraniana ha sido cautelosa. Si bien Israel condenó las invasiones y expresó su apoyo a la integridad territorial de Ucrania, también procuró mantener canales abiertos con Moscú por razones estratégicas, lo que generó tensiones. Rusia llegó a acusar a Israel de respaldar al gobierno ucraniano y puso en duda su neutralidad en el conflicto.

Más allá de la coyuntura política, el vínculo entre ambos países está profundamente atravesado por la memoria colectiva. Muchos israelíes tienen raíces ucranianas, y buena parte del desarrollo del idish y de la literatura judía de Europa oriental estuvo influido por comunidades asentadas en ese territorio. Hoy, el panorama para los judíos que permanecen en Ucrania es desolador, aunque no exento de esperanza: sinagogas y centros comunitarios dañados, comunidades reducidas y dificultades para sostener la vida religiosa conviven con gestos cotidianos de resistencia. En medio de los misiles y la incertidumbre, pequeñas comunidades siguen celebrando Shabat y las festividades, aferradas al anhelo de continuar existiendo como judíos en Ucrania, pese a todo.