Mientras se aguardan negociaciones sensibles entre Irán y Estados Unidos —que podrían celebrarse en Omán o en Turquía, aunque aún no hay confirmación oficial—, el debate interno en Israel sobre una eventual acción militar contra Teherán expone una fuerte división en la opinión pública.
Una encuesta reciente del Israel Democracy Institute, realizada el 29 de enero entre 800 adultos judíos y árabes, revela que la sociedad israelí está prácticamente partida en dos respecto de si el país debería sumarse a un posible ataque coordinado con Washington. El 50% de los consultados considera que Israel solo debería participar si Irán ataca primero, mientras que un 44% apoya una intervención desde el inicio junto a Estados Unidos.
El sondeo muestra además una marcada brecha ideológica: quienes se identifican con la derecha política, tanto dentro como fuera del gobierno, se inclinan mayoritariamente por una participación inmediata, mientras que los sectores del centroizquierda prefieren una postura más cauta, supeditada a una agresión previa iraní. En paralelo, casi la mitad de los encuestados cree que la decisión del primer ministro Benjamín Netanyahu, tomada hace unas tres semanas, de reducir la ayuda militar estadounidense, podría tener un impacto negativo en la seguridad nacional.
Pese a las diferencias sobre cómo y cuándo actuar frente a Irán, la encuesta también arroja un dato contrastante: más de la mitad de los judíos israelíes se declara optimista respecto del futuro de la seguridad del país, una percepción que no se replica entre los ciudadanos árabes, donde prevalece una visión más pesimista. Un reflejo de las tensiones internas de una sociedad que convive desde hace años con una amenaza regional persistente y de alto impacto estratégico.
Natalio Steiner, director de Comunidades Plus
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