A casi un año del anuncio de una reforma amplia y equitativa del servicio militar, Israel continúa sin una solución concreta a uno de los debates más sensibles de su historia reciente: el reclutamiento de los sectores ortodoxos.
El origen del problema se remonta a 1947, cuando David Ben-Gurion otorgó las primeras exenciones a estudiantes de yeshivá. Desde entonces, el sistema se transformó en una fuente persistente de desigualdad, que la guerra actual volvió a ponerse en primer plano. Mientras millas de reservistas llevan más de 400 días movilizados, amplios sectores siguen fuera de la carga nacional.
Las propuestas discutidas hasta ahora, basadas en metas graduales —como un reclutamiento inicial de apenas el 14,5%— no satisfacen ni las necesidades operativas de las Fuerzas de Defensa de Israel , ni el principio de igualdad ante la ley. El estamento militar advirtió en reiteradas oportunidades sobre una escasez real de personal y la urgencia de incorporar al menos 4.500 soldados adicionales.
En un contexto de múltiples frentes abiertos y sin victorias militares contundentes, el margen para seguir postergando decisiones se agota. Sin una ley de reclutamiento efectiva y aplicable, no solo se compromete la capacidad defensiva del país, sino también la cohesión social que sostiene a Israel en tiempos de crisis prolongada.
Natalio Steiner, director de Comunidades Plus
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