Más allá de los lazos históricos y culturales, existe otra coincidencia estructural que ha fortalecido el vínculo entre Jerusalén y Nueva Delhi: ambos países enfrentan amenazas persistentes de grupos islamistas que buscan debilitar su integridad territorial o incluso cuestionar su propia existencia como Estados soberanos.
En el caso de la India, el conflicto con Pakistán por la región de Cachemira ha generado durante décadas episodios de alta tensión militar. Se trata de una disputa que combina factores territoriales, religiosos y estratégicos, y que periódicamente deriva en enfrentamientos fronterizos de extrema sensibilidad. El último de esos picos de tensión fue objeto de declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump, quien afirmó haber contribuido a su desescalada, aunque la fragilidad del equilibrio regional sigue latente.
Para Israel, la amenaza principal proviene del régimen de Irán, cuyo liderazgo ha sostenido durante más de dos décadas una retórica y una estrategia orientadas a confrontar al Estado judío. Esa presión no solo se expresa en el plano discursivo, sino también en el financiamiento y apoyo a actores armados en la región. El impacto es profundo: obliga a Israel a destinar enormes recursos a su estructura defensiva, afecta su planificación presupuestaria y condiciona de manera directa la vida cotidiana de su población.
En ese contexto, la alianza entre Israel y la India no responde a coyunturas pasajeras, sino a factores estructurales. Ambos países comparten la necesidad de garantizar su seguridad frente a amenazas regionales complejas, diversificar sus alianzas en un sistema internacional cada vez más multipolar y sostener un crecimiento tecnológico que les permita competir en las próximas décadas.
La relación bilateral ya no es un fenómeno aislado. Se inscribe en una estrategia más amplia de independencia estratégica y cooperación en defensa, ciberseguridad, innovación agrícola y desarrollo tecnológico. Se han diseñado planes de trabajo conjunto y continúan los proyectos en áreas sensibles, desde sistemas de defensa hasta transferencia de conocimiento en inteligencia artificial y gestión del agua.
Analistas en ambos países consideran que el volumen económico y estratégico de la alianza podría duplicarse en los próximos años. En un mundo fragmentado y en permanente reconfiguración, Israel y la India no convergen solo por lo que son hoy, sino por lo que necesitan ser mañana: dos potencias medianas con capacidad de incidir en el tablero global, apoyadas en valores democráticos, resiliencia frente a la adversidad y una apuesta sostenida por la innovación como motor de desarrollo y seguridad.
