Estas son horas de máxima alerta para la red diplomática israelí, mientras las conversaciones nucleares entre Estados Unidos e Irán entran en una fase decisiva, entre el éxito y el fracaso. Un posible colapso de las negociaciones podría allanar el camino para el amenazante ataque estadounidense a Teherán y un conflicto regional. Por esta razón, explica el Jerusalem Post, Jerusalem está considerando la evacuación de algunas embajadas y consulados en Europa, el Lejano Oriente y América Latina tras recibir “varias advertencias de amenaza” atribuibles a círculos vinculados al régimen de los ayatolás. El nivel de alerta se describe como “muy alto” y las representaciones en el extranjero ya han reforzado sus dispositivos de seguridad.
Detrás de la decisión hay incertidumbre sobre el resultado de la nueva ronda de negociaciones programada en Ginebra. Washington ha pedido a Teherán que aclare qué concesiones está dispuesto a poner sobre la mesa como condición para continuar las negociaciones. Según analistas israelíes, es poco probable que la propuesta iraní cumpla con los requisitos mínimos exigidos por la Casa Blanca. El presidente estadounidense Donald Trump “¿ordenará entonces un ataque? Y si es así, ¿de qué intensidad?” pregunta el analista militar Amir Bar Shalom en el Times of Israel. “Si un ataque liderado por Estados Unidos llegara a llevarse a cabo, su intensidad indicaría el objetivo: el colapso del régimen o el simple intento de forzarlo a ceder.”
Están surgiendo dudas y tensiones internas en Washington. Según CBS y Reuters, Trump estaría frustrado por los límites de la opción militar pero al mismo tiempo consciente de los riesgos de una guerra regional fuera de control. El presidente estadounidense pide a sus asesores un “castigo” lo suficientemente severo como para doblar a Teherán sin arrastrar a Estados Unidos a un conflicto largo e impredecible, mientras los líderes militares le advierten de la imprevisibilidad de un ataque, incluso si fuera dirigido.
La hipótesis de una acción limitada preocupa a Jerusalén, continúa Bar Shalom. Un golpe limitado puede que no cambie realmente los cálculos estratégicos de Teherán. Al contrario, supondría el riesgo de consolidar la línea dura del régimen, dejando espacio para una respuesta indirecta a través de milicias aliadas en la región.
El mensaje enviado por el gobierno del primer ministro Benjamin Netanyahu al Líbano encaja en este marco: en caso de que Hezbolá se involucre en una guerra entre Estados Unidos e Irán, la respuesta israelí sería dura y afectaría a la infraestructura civil, incluido el aeropuerto.
Mientras tanto, Washington también actúa con cautela. La embajada de Estados Unidos en Beirut ha ordenado la salida del personal no esencial y de sus familias, hablando de medidas relacionadas con los “desarrollos esperados en la región”.
