Un abrazo delante de las cámaras y el recordatorio mutuo de una “amistad cercana y duradera”. Ocho años después de su primera visita oficial, el primer ministro indio Narendra Modi regresa a Israel, recibido en el aeropuerto Ben-Gurion por el primer ministro Benjamin Netanyahu. “Otra visita histórica después de la de 2017”, comentó Netanyahu poco antes de saludarle en la pasarela. Una reunión de dos días que, según medios locales, tiene como objetivo rediseñar las relaciones entre Jerusalén y Nueva Delhi, elevándolas al rango de “relaciones estratégicas especiales”: el nivel diplomático más alto previsto por Israel, hasta ahora reservado para Estados Unidos y Alemania.
Los dos líderes, que se espera en la Knéset, firmarán acuerdos en los ámbitos económico, diplomático y de seguridad, con el objetivo de estructurar una cooperación ya en crecimiento. Para el periódico israelí Calcalist, la “transformación más importante” será en el ámbito de la seguridad: un acuerdo marco confidencial debería abrir a la India áreas que hasta ahora han estado sujetas a restricciones, incluidos programas avanzados de defensa aérea y antimisiles.
Según fuentes gubernamentales citadas por el periódico, el nuevo acuerdo “aumenta la flexibilidad de las estructuras de defensa y permite que ambas partes cuenten la una con la otra en caso de necesidad”. Una fórmula que también refleja las lecciones de la reciente guerra, cuando Israel tuvo que lidiar con desaceleraciones en los suministros estadounidenses. En este contexto, la colaboración con Nueva Delhi se convierte en una herramienta de apoyo estratégico.
Pero la visita, explican desde Jerusalén, no se limita al capítulo militar. El embajador israelí en la India, Reuven Azar, habló de un “salto adelante” que también concierne a la seguridad alimentaria, la agricultura, el agua, las finanzas y las infraestructuras. En vísperas de la llegada de Modi, el gobierno israelí aprobó un plan de 40 millones de dólares para fortalecer la cooperación en estos sectores: diez nuevos centros de excelencia en India, programas conjuntos sobre energías renovables y telemedicina, y un aumento de los intercambios académicos. Se planea que un comité directivo bilateral, liderado por ministros de Asuntos Exteriores, se reúna cada dos años para supervisar el progreso.
La visita de Modi, señala Itamar Eichner en Ynet, también tiene un valor geopolítico: forma parte de la estrategia israelí de construir una red de estados para oponerse al “eje del islam extremista”, tal y como lo definió Netanyahu. Hablando en una conferencia del Shin Bet, el primer ministro evocó “un eje de naciones que ven la realidad, los desafíos y los objetivos de la misma manera” y la India es uno de los pilares de este frente moderado, llamado a contrarrestar la influencia de Turquía y los Hermanos Musulmanes en Oriente Medio.
El Corredor Económico India–Oriente Medio–Europa (IMEC) también forma parte de este contexto, destinado a conectar India con los Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí y Jordania, hasta Israel y puertos europeos. El objetivo, explica Eichner, es doble: ofrecer una ruta comercial alternativa en una zona marcada por una inestabilidad continua; y, al mismo tiempo, consolidar el mencionado bloque de estados moderados mediante intereses económicos conjuntos.
“Si en 2017 la visita de Modi marcó la normalización política de una relación que hasta entonces había sido prudente, su regreso hoy sella una fase más madura” y con un gran impacto en el futuro de la región, concluye Calcalist.
