Israel vivió durante la madrugada una nueva jornada de tensión tras el lanzamiento de varias andanadas de misiles desde Irán que obligaron a millones de personas a refugiarse y permanecer en alerta durante más de una hora. Entre las 2.20 y cerca de las 3.10 de la mañana sonaron repetidamente las alarmas en distintos puntos del centro del país y en Jerusalén, en lo que las autoridades describieron como tres ataques consecutivos.
A pesar de la intensidad de los disparos, el sistema defensivo israelí logró interceptar gran parte de los proyectiles y, según los primeros reportes, no se registraron víctimas ni daños de gravedad. Sin embargo, la población atraviesa noches de fuerte desgaste por las continuas alertas y la interrupción del descanso. Analistas y autoridades consideran que la estrategia iraní busca, entre otros objetivos, presionar el sistema de defensa aérea israelí, prolongar el uso de su stock de interceptores y alterar el ritmo cotidiano de la población.
En ese contexto, el gobierno decidió avanzar con una reapertura gradual de actividades para sostener la vida económica y social bajo condiciones de seguridad. Comercios y lugares de trabajo pueden funcionar siempre que cuenten con refugios cercanos. También se autorizó la realización de reuniones de hasta 50 personas —incluidas en sinagogas— siempre que se desarrollen en espacios próximos a zonas protegidas. Las clases, en cambio, continúan suspendidas hasta nuevo aviso.
Mientras tanto, comenzaron a llegar vuelos de repatriación al aeropuerto Ben Gurión con israelíes que se encontraban en el exterior. Las autoridades estiman que más de 100.000 ciudadanos manifestaron su intención de regresar al país, incluso en medio del conflicto, y se prevé que en los próximos días continúe el operativo para facilitar su retorno.
En el plano militar, las fuerzas israelíes mantuvieron operaciones durante toda la noche en el frente norte. Se registraron bombardeos contra posiciones vinculadas a Hezbollah en el sur del Líbano y en el barrio de Dahieh, en Beirut, considerado uno de los principales bastiones del grupo chiita. También hubo reportes de incidentes y escaramuzas en la zona del Monte Dov, un área fronteriza disputada entre Israel y el Líbano que ha sido escenario de enfrentamientos en el pasado.
Aunque el conflicto mantiene un nivel de tensión elevado, las autoridades israelíes buscan sostener la actividad interna y transmitir una señal de resiliencia. En medio de la incertidumbre y el desgaste de la guerra, el país intenta adaptarse a una rutina marcada por las sirenas, los refugios y la expectativa de nuevos ataques.
