El balance de una semana – Natalio Seiner

Cuando se cumple una semana del inicio de las acciones militares conjuntas de Israel y Estados Unidos contra Irán, el balance que se realiza desde territorio israelí es, en términos generales, positivo, aunque marcado por el dolor por las víctimas civiles. En Israel se lamenta la muerte de 14 personas: nueve de ellas en un trágico impacto de misil en Beit Shemesh, además de otras víctimas registradas en incidentes durante el acceso a refugios y una mujer filipina fallecida en Tel Aviv.

A pesar de la destrucción parcial y total de viviendas en distintos puntos del país, el resultado estratégico es considerado favorable por analistas y fuentes cercanas al gobierno. Entre los hechos más destacados se menciona la eliminación del ayatolá Ali Khamenei, líder del régimen iraní, junto con la muerte de al menos 42 altos mandos militares y funcionarios de alto nivel del gobierno iraní.

En el plano militar, Israel y Estados Unidos lograron consolidar un amplio dominio aéreo sobre Irán. Según reportes operativos, no se registró la pérdida de pilotos israelíes y todos los aviones regresaron a sus bases tras las misiones. Fuentes militares describen la operación como uno de los despliegues de inteligencia más complejos y coordinados de los últimos años.

Otro dato relevante es la destrucción de más de 300 lanzaderas de misiles iraníes, lo que habría provocado una caída cercana al 85% o 90% en los ataques con misiles dirigidos hacia territorio israelí. Mientras tanto, Teherán habría intentado ampliar el conflicto en la región atacando objetivos en países árabes, en una estrategia destinada a presionar a Estados Unidos y forzar negociaciones internacionales.

En Israel, mientras tanto, la vida cotidiana intenta retomar lentamente cierta normalidad. En las últimas horas se registró una noche sin alarmas ni ataques con misiles, algo poco habitual en los últimos días. Las clases continúan dictándose en modalidad remota y la población mantiene un fuerte respaldo al gobierno en medio del conflicto, más allá de las diferencias políticas internas.

La preocupación, sin embargo, continúa centrada en el frente con Hezbollah en Líbano, cuya participación podría ampliar la escala del enfrentamiento regional. En paralelo, observadores siguen de cerca la capacidad del régimen iraní para sostenerse tras los golpes militares sufridos, que incluyen severos daños a su infraestructura militar aérea y naval.

Mientras tanto, las fuerzas aliadas aún no han atacado instalaciones energéticas clave de Irán, como sus reservas de petróleo y gas, en parte para evitar un impacto mayor en los precios globales de la energía. El desarrollo de las próximas semanas será decisivo para determinar si la ofensiva logra modificar de manera duradera el equilibrio de poder en Medio Oriente.