Mientras continúan las tensiones y los lanzamientos de misiles hacia el centro de Israel, los habitantes de distintas ciudades vuelven a adaptarse a una rutina marcada por las sirenas y los refugios. En ese contexto, el argentino-israelí Gustavo Waisman, residente desde hace años en el país, relató cómo vive estos días junto a su familia y su comunidad.
Waisman reside en un pequeño barrio en el centro de Israel, ubicado frente a la denominada “línea verde”, cerca de la ciudad de Tulkarem. Aunque explicó que en su zona las alarmas han sido menos frecuentes que en el norte o el sur del país, señaló que la tensión se mantiene. “Los ataques se concentran más en otras regiones, pero igual estamos atentos”, contó.
Además de su trabajo como guía turístico, educador y músico, Waisman se desempeña como voluntario en la policía, una práctica muy extendida en Israel. Según explicó, miles de civiles participan en tareas de seguridad comunitaria. “Los voluntarios somos casi la misma cantidad que los policías permanentes”, afirmó, y describió que actualmente patrulla su barrio junto a otros vecinos para proteger la zona y los kibutz cercanos.
El argentino también destacó el carácter diverso de la sociedad israelí. “El sábado empezó la guerra y salimos a patrullar con un compañero árabe musulmán. Yo terminé el descanso de Shabat y él el ayuno de Ramadán. Acá el pueblo somos todos”, relató.
La guerra también impacta en su actividad profesional. El turismo prácticamente se paralizó y los conciertos se suspendieron, aunque muchos músicos —incluido él— continúan tocando en refugios o centros comunitarios para acompañar a la población. “No hay mucha actividad paga, pero sí vamos a tocar gratis para la gente que está en los refugios”, explicó.
En el plano cotidiano, el país intenta mantener cierta normalidad. Muchas personas trabajan de forma remota, las escuelas continúan por Zoom y los servicios esenciales siguen operativos. “El país no se detiene. Incluso la bolsa subió después de que empezó la guerra”, sostuvo.
Pese a la incertidumbre, Waisman remarcó que el espíritu de la sociedad israelí sigue siendo de resiliencia. “Hay que mantenerse optimista. Estamos en el buen camino y el país trata de seguir adelante”, concluyó.
