A casi una semana del inicio de una nueva fase del conflicto entre Israel e Irán, analistas y periodistas en el terreno intentan descifrar qué objetivos persiguen realmente las potencias involucradas y cuál podría ser el desenlace de una escalada que, por ahora, parece lejos de resolverse de manera definitiva.
Desde Israel, el periodista Jonathan Meta, conductor del noticiero en español de la radio pública israelí, ofreció un panorama complejo del escenario actual y explicó que, incluso dentro de los gobiernos aliados, los objetivos estratégicos no parecen ser exactamente los mismos.“En Israel hay muchos funcionarios que hablan del día 13 de la guerra de los 12 días”, señaló Meta, en referencia al conflicto anterior con Irán. “Es como diciendo: esto es lo que hubiéramos hecho si hubiéramos podido seguir”, explicó.
Mientras tanto, la población israelí volvió a una rutina conocida: correr a los refugios y convivir con las sirenas antimisiles. Según Meta, el impacto psicológico es significativo porque la guerra anterior había sido presentada como un éxito estratégico.“Cuando terminó la guerra de los 12 días no se le dijo al público israelí que habían quedado cosas por hacer. Todo lo contrario: se dijo que había sido un logro histórico y que el programa nuclear había quedado completamente eliminado”, recordó.
Sin embargo, el nuevo conflicto demuestra que la amenaza sigue vigente. Para Meta, la diferencia central está en los objetivos de los actores principales.“Hay dos objetivos distintos: el de Estados Unidos y el de Israel”, explicó. “Israel quiere llegar a una situación en la cual el régimen iraní quede completamente debilitado o incluso caiga. Estados Unidos, en cambio, busca logros más rápidos y cuantificables”.
En el terreno militar, Irán parece haber adoptado una estrategia distinta a la de confrontación directa.“Ellos saben que un enfrentamiento frontal contra Estados Unidos e Israel lo perderían”, señaló Meta. “Entonces optaron por una guerra de desgaste: lanzar uno o tres misiles por vez, en lugar de cientos”.
En paralelo, Teherán intenta ampliar el conflicto hacia otros actores regionales.“Irán comenzó a atacar objetivos en países del Golfo. La idea es generar presión sobre Estados Unidos a través de esos gobiernos, que dependen de la inversión extranjera y buscan mostrarse como economías estables”, detalló.
Mientras tanto, Israel estaría concentrando sus esfuerzos en un objetivo distinto: la cúpula del poder iraní.“Lo que Israel intenta es decapitar la dirigencia iraní, enviar el mensaje de que el régimen ya no tiene a quién responder”, explicó Meta.
Pero el escenario interno iraní es extremadamente complejo.“Irán no es un Estado nación homogéneo. Es más bien un imperio con múltiples pueblos: persas, kurdos, árabes, azeríes, baluches”, indicó.
Eso significa que una eventual caída del régimen podría derivar en algo mucho más imprevisible.“Cuando se habla de que el pueblo iraní tome su destino en sus manos, la pregunta es quién exactamente. ¿Los persas? ¿O estamos hablando de una posible guerra civil entre diferentes grupos?”, planteó.
En los últimos días también surgieron reportes sobre posibles contactos entre la administración estadounidense y líderes de minorías étnicas dentro de Irán.“Puedo confirmar que hubo conversaciones entre un líder kurdo y alguien muy cercano a la administración estadounidense”, reveló Meta.
Sin embargo, esos grupos también tienen sus propias agendas territoriales.“Cada uno tiene reclamos históricos pendientes. Por eso la pregunta que hacen es: si nosotros peleamos ahora, ¿qué recibimos después?”, explicó.
A pesar de las múltiples hipótesis, Meta cree que el final del conflicto podría llegar antes de lo esperado, aunque sin resolver las causas profundas. “Tiendo a creer que la guerra va a terminar de manera bastante apresurada y sin cumplir ningún objetivo real”, sostuvo.
En ese escenario, advierte, lo más probable sería una narrativa política de victoria. “Lo que veremos será una retórica exitista: alguien dirá ‘gané la guerra’, aunque en el terreno no haya cambiado demasiado”, afirmó.
La política interna también juega un papel central. Tanto en Estados Unidos como en Israel el calendario electoral pesa sobre las decisiones estratégicas. “Netanyahu y muchos políticos están manejando todo en clave electoral”, explicó Meta.
Según su análisis, si el conflicto termina rápido y puede presentarse como un éxito, el partido gobernante podría fortalecerse. “Muy probablemente el Likud suba en las encuestas en el corto plazo”, anticipó.
Sin embargo, el periodista advierte que la verdadera evaluación llegará más tarde. “Cuando empiecen a analizarse los resultados reales de la guerra, ahí el panorama puede cambiar”, concluyó.
