Mientras el mundo sigue con atención el intercambio de ataques y las cifras de víctimas en la guerra entre Israel e Irán, el ex director de Interpol Luis Fuensalida propuso mirar el conflicto desde una perspectiva más amplia. En una entrevista radial, sostuvo que la clave para entender la actual escalada no está solo en lo que ocurre en el campo de batalla, sino en los objetivos estratégicos que persiguen las principales potencias involucradas.
Según explicó, el actual enfrentamiento tiene antecedentes claros en las tensiones diplomáticas previas entre Washington y Teherán. Fuensalida recordó que en una reunión en Ginebra representantes estadounidenses plantearon tres exigencias al régimen iraní: abandonar el desarrollo de misiles balísticos, dejar de financiar y armar a sus aliados regionales y detener el enriquecimiento de uranio a niveles elevados. Sin embargo, la respuesta de Irán fue negativa en los tres casos. “Esa negativa marca el punto de partida del conflicto. No fue una situación improvisada, sino el resultado de una posición intransigente del régimen iraní”, explicó.
Para el especialista, Estados Unidos persigue una serie de objetivos estratégicos en esta guerra. Entre ellos enumeró la destrucción de la capacidad misilística iraní, el fortalecimiento del control naval en el Golfo Pérsico, impedir que Teherán logre desarrollar un arma nuclear y desarticular la red de organizaciones aliadas que operan en distintos países de Medio Oriente. En ese sentido, sintetizó la estrategia de Washington señalando que “lo que pretende Trump es vaciar estratégicamente Irán”, debilitando su poder militar y su influencia regional sin recurrir necesariamente a una invasión terrestre.
Fuensalida destacó que la visión de Israel es más contundente. Desde Jerusalén, explicó, el régimen de los ayatolás representa una amenaza directa para la supervivencia del Estado judío. “Para Israel el cambio de régimen en Irán sería la solución ideal, porque la amenaza es existencial desde la revolución de 1979”, afirmó.
Uno de los puntos más complejos del conflicto es el programa nuclear iraní. El analista explicó que las instalaciones están distribuidas en diferentes zonas del país y muchas se encuentran bajo tierra o protegidas por estructuras naturales como montañas. Además, persiste la incertidumbre sobre la ubicación de las reservas de uranio enriquecido. “Si ese material está almacenado en instalaciones subterráneas, su destrucción requiere operaciones extremadamente precisas y con riesgos importantes, incluso de liberación de radiación”, advirtió.
En relación con la situación interna de Irán, Fuensalida señaló que, pese al descontento social existente, el régimen mantiene un control firme a través de la Guardia Revolucionaria y de diversas fuerzas paramilitares. No obstante, mencionó la existencia de movimientos opositores y grupos separatistas —como organizaciones kurdas, baluchis o el movimiento de los Muyahidines del Pueblo— que podrían convertirse en factores de presión interna si el conflicto se prolonga.
En el plano internacional, el especialista consideró poco probable una intervención militar directa de otras potencias. Rusia, explicó, está concentrada en la guerra en Ucrania; China busca evitar una escalada que afecte el suministro energético; y Turquía mantiene una postura pragmática dentro del marco de la OTAN.
Por último, Fuensalida sostuvo que la duración del conflicto dependerá en gran medida de los cálculos políticos de Washington. “Israel necesita el respaldo de Estados Unidos para sostener una guerra prolongada. En gran medida, el final del conflicto estará ligado a los intereses estratégicos de la Casa Blanca”, concluyó.
