A 34 años del atentado contra la Embajada de Israel en Buenos Aires, los sobrevivientes Martín Golberg y Jorge Cohen volvieron a poner en primer plano el reclamo de memoria y justicia, en un contexto internacional donde Irán y Hezbollah continúan en el centro de la escena.
En diálogo con Radio Jai, ambos recordaron el impacto emocional que dejó el ataque del 17 de marzo de 1992 y cómo, más de tres décadas después, las secuelas siguen presentes. “El atentado todos los días se recuerda… el cuerpo es muy inteligente. En mi caso personal, tengo una vez por mes el mismo sonido que escuché el 17 de marzo a las 14:45”, relató Golberg. Y agregó: “Muchos amigos nuestros quedaron debajo de los escombros… nuestra propia sangre fue derramada en Arroyo”.
Cohen, por su parte, evocó el momento de la explosión con crudeza: “Recuerdo perfectamente el estruendo… seco, violento. Después ya no me acuerdo más nada”. Sin embargo, destacó la necesidad de seguir adelante: “Uno se pone la mochila al hombro y sigue caminando porque no se puede vivir todo el tiempo con el recuerdo”.
Ambos coincidieron en que el paso del tiempo no debe traducirse en olvido. “Sabemos que la justicia es difícil después de tantos años, pero más difícil es el olvido”, sostuvo Golberg, quien también subrayó que “verdad no es difícil”, en referencia a la necesidad de esclarecer completamente lo ocurrido.
En ese sentido, rechazaron versiones que circularon durante años sobre un supuesto “autoatentado” y fueron categóricos: “La embajada no tenía ningún armamento oculto… no hay ninguna duda de que fue una explosión desde el exterior”, afirmó Golberg. Además, insistieron en la necesidad de avanzar sobre la llamada “conexión local”: “Sabemos qué pasó y quién fue, pero seguimos exigiendo saber quién ayudó desde acá”.
A pesar del trauma, ambos decidieron continuar trabajando en la embajada tras el atentado, como una forma de resistencia frente al terrorismo. “Sentía que si dejaba de trabajar era darle más éxito al grupo terrorista”, explicó Golberg. Cohen coincidió: “Lo sentíamos como un deber… reconstruir la embajada desde la nada”.
De cara al futuro, los sobrevivientes remarcaron el rol de las nuevas generaciones en la transmisión de la memoria. “La juventud es la que va a tener que tomar la antorcha y hacer que esta llama nunca se apague”, señaló Golberg.
A más de tres décadas del ataque, el reclamo sigue intacto: memoria, verdad y justicia para las víctimas de uno de los atentados más graves de la historia argentina.
