“Sin advertencias”: el crudo relato de Víctor Nisenbaum, sobrevieviente del atentado a la Embajada

A 34 años del atentado contra la Embajada de Israel en Buenos Aires, el recuerdo sigue intacto para quienes lograron sobrevivir. Víctor Nisenbaum, quien trabajaba en el área de seguridad del edificio diplomático aquel 17 de marzo de 1992, reconstruyó en primera persona el horror de una jornada que, según describió, pasó de un día totalmente normal a una locura en cuestión de segundos”.

Recuerdo un día totalmente normal que en el lapso de segundos se transformó en una locura. Cuando vi la imagen de la muerte ya no era Buenos Aires, parecía Irán, Irak o Líbano”, relató, al evocar el instante en que la explosión cambió para siempre la fisonomía de la calle Arroyo y su propia vida.

Nisenbaum también fue contundente al descartar versiones que, en los primeros momentos, intentaron responsabilizar a la propia sede diplomática. No existía absolutamente nada de lo que quisieron hacer creer. El artefacto explosivo fue un coche bomba que impactó en el perímetro exterior”, afirmó. En esa línea, recordó haber visto días después “un cráter importante de casi un metro de diámetro”, prueba del origen externo de la detonación.

Consultado sobre posibles alertas previas, el sobreviviente fue categórico: No hubo ningún tipo de información previa. Si se hubiera sabido, las medidas se hubieran extremado”. Y apuntó contra las fallas en la prevención:Cuando esa camioneta estaba en movimiento y los organismos de inteligencia locales fallaron, no había muchas chances de detenerlo”.

El paso del tiempo no alivió una de las principales deudas: la falta de justicia. Es algo que nos duele mucho a todas las familias y a los sobrevivientes. Quizás no se pudo evitar, pero con voluntad se podría haber investigado como corresponde”, sostuvo. Y comparó con otros países: “En lugares como Inglaterra, España o Francia, rápidamente se sabe quiénes fueron los responsables. Acá, 34 años después, seguimos hablando de la conexión local”.

En lo personal, Nisenbaum describió el peso emocional que arrastra desde entonces.La mochila es pesada, pero más que nada por la responsabilidad de honrar a las víctimas”, explicó. También reveló haber atravesado el llamado “síndrome del sobreviviente”: Uno se pregunta por qué está vivo y otros no. Con el tiempo entendés que no sos culpable”.

Lejos de paralizarlo, esa experiencia marcó su vida. Continuó trabajando en seguridad y hoy se desempeña en el ámbito privado. Desde ese lugar, dejó una reflexión tajante: La seguridad 100% no existe. Hay que generar conciencia de que todos los días puede ocurrir algo y trabajar para prevenir”.

A pesar de las décadas transcurridas, la esperanza sigue vigente. La fe es lo último que se pierde. Me da esperanza ver a la Argentina del lado de los países democráticos”, señaló. Y agregó: Ojalá podamos vivir en un mundo más justo, donde esto no vuelva a ocurrir”.

Finalmente, destacó el compromiso de los sobrevivientes con la memoria: Tenemos casi la obligación de transmitir lo que pasó. Primero para honrar a los fallecidos y segundo para que esto no vuelva a ocurrir en nuestro país”.

A más de tres décadas del atentado, su testimonio resume una herida abierta: el dolor persiste, pero también la necesidad de memoria, verdad y justicia.