Entre misiles, refugios y alertas rojas, la sociedad israelí aprendió a hacer algo que desde afuera muchos no comprenden: seguir viviendo.
En una cafetería de Tel Aviv, las mesas están llenas y el sonido de las conversaciones se mezclan con el aroma del café recién hecho. Afuera el país sigue en guerra y para algunos observadores en las redes sociales y diferentes medios de comunicación, la escena resulta incomprensible. ¿Cómo es posible que los israelíes sigan riendo, saliendo y encontrándose con amigos en medio de este conflicto con Irán, un país que quiere borrarlos del mapa?
La vida cotidiana en Israel, por absurda que parezca, transcurre entre alertas rojas. Niños, adultos mayores y familias enteras corren a los refugios cuando suenan las sirenas que anuncian la llegada de los misiles.
Y ahí viene la crítica, “¿Cómo pueden seguir con su vida normal, cómo pueden normalizar una situación de guerra donde se destruyen viviendas, muere gente y hay cientos de heridos?”
“La normalidad de los israelíes es la prueba de que la guerra no les importa”. “Si realmente estuvieran sufriendo una guerra, no estarían celebrando casamientos en un refugio ni tomando café con amigos”. Y así muchas otras frases dichas inocentemente, al boleo, para que no se note, en muchos casos, su enemistad o mejor dicho su antisemitismo.
Lo que no se les ocurre pensar a estos fogosos comentaristas en sus redes sociales o canales de comunicación, desde sus cómodos sillones o sillas de escritorio es que en Israel seguir viviendo no es indiferencia. Es resiliencia. Es adaptarse a una realidad traumática.
Esta aparente normalidad en la ciudadanía y su resiliencia no atraviesa solo a los ciudadanos israelíes judíos. Para los que encuentran siempre cómo o por dónde criticar al judío, es bueno que sepan que en Israel conviven también ciudadanos musulmanes y cristianos, que como el resto de la población, tratan de seguir dentro de lo posible con la rutina, que por supuesto se complica; el sistema educativo está suspendido, sin continuidad en muchos lugares de trabajo, o trabajando desde sus hogares, y se hace especialmente difícil con niños pequeños. Por esto mismo, dentro de las limitaciones que impone este conflicto con Irán, toda la sociedad israelí en su conjunto busca maneras de resistir y seguir viviendo y compartiendo momentos para sobrellevar el trasfondo de esta guerra.
Quienes miran desde lejos creen ver indiferencia. Lo que en realidad están viendo es algo mucho más complejo: una sociedad que aprendió a vivir bajo amenaza, sin renunciar a la vida.
Significa simplemente, que la vida, aún bajo sirenas, se niega a desaparecer.
Por Rut Rabinow
Periodista
Israel
