En una nueva jornada de intensos intercambios misilísticos entre Israel e Irán, la situación en el país se mantiene crítica, con episodios inéditos para la población civil. Durante la noche del jueves, los habitantes de Jerusalén debieron refugiarse en cuatro ocasiones en el lapso de una hora, un récord que refleja la magnitud de los ataques sobre una ciudad que históricamente había quedado al margen de este tipo de ofensivas.
En el norte, la ciudad de Haifa registró daños en su principal refinería, aunque las autoridades confirmaron que la situación está bajo control y no se detectaron fugas peligrosas para la población. Sin embargo, el foco de preocupación sigue concentrado en la frontera con Líbano, donde el fuego continúa de manera más esporádica pero con consecuencias graves.
Un residente de Kiryat Shmona permanece en estado crítico tras ser alcanzado por un misil disparado desde territorio libanés. La zona, junto con localidades como Metula y Manara, presenta un escenario de guerra, con una fuerte presencia militar ante la posibilidad de una ofensiva mayor.
Analistas señalan que Irán estaría modificando su estrategia, reduciendo la frecuencia de disparos pero apuntando a objetivos más específicos y estratégicos dentro de Israel. En contraste, el centro y sur del país registran una relativa calma, con más de 18 horas sin ataques reportados.
Por su parte, el primer ministro Benjamín Netanyahu aseguró ante la prensa internacional que el conflicto podría acercarse a su fin, aunque advirtió que las operaciones continuarán hasta alcanzar los objetivos de seguridad planteados por su gobierno. También envió un mensaje de apoyo a la población civil, afectada por noches consecutivas de alertas y refugios.
En paralelo, el sistema educativo comienza a reactivarse de manera gradual en zonas menos afectadas, mientras que en las áreas más expuestas los establecimientos continúan cerrados. La incertidumbre persiste en un conflicto que, por momentos, parece no tener un desenlace cercano.
