¿Por qué no cae el régimen iraní? – Natalio Steiner

Mientras continúan los ataques y la presión internacional sobre Irán, una pregunta se repite en Israel, en los medios y en la opinión pública: ¿por qué el régimen iraní todavía no cayó? A pesar del deterioro militar, el aislamiento y el desgaste interno, la estructura de poder de Teherán sigue en pie, sostenida por décadas de control, represión y una maquinaria de lealtades construida para sobrevivir incluso en sus peores momentos.

La explicación, según el análisis, no pasa solamente por el fanatismo ideológico o la dureza de sus líderes, sino por la propia lógica de estos sistemas autoritarios: cuanto más asediados se sienten, más se endurecen. Lejos de desmoronarse de inmediato frente a los golpes externos, el régimen iraní ha respondido cerrando filas y reforzando su control sobre la sociedad. Tras 47 años en el poder, no se trata de una estructura improvisada, sino de un aparato profundamente enquistado en todos los niveles del Estado y de la vida cotidiana.

Ese sostén no es menor. El régimen cuenta con una amplia red de fuerzas leales, entre ellas las milicias civiles basij y los cuerpos vinculados a la Guardia Revolucionaria, que conforman un aparato de coerción masivo capaz de contener, perseguir y sofocar cualquier intento de rebelión abierta. En un país de casi 90 millones de habitantes, esa base de apoyo armado y disciplinado sigue siendo uno de los factores centrales que explican por qué el sistema no colapsa de un día para el otro.

A esto se suma otro dato clave: la oposición iraní todavía no aparece unificada, articulada ni con capacidad real de conducir una transición. No hay, por ahora, un liderazgo consolidado que logre canalizar el descontento social en una acción política coordinada capaz de desafiar al régimen en las calles y en las instituciones. Sin esa alternativa organizada, el enojo popular existe, pero no alcanza todavía para traducirse en un quiebre definitivo del poder.

Sin embargo, el diagnóstico de fondo es claro: el régimen no parece invulnerable, sino apenas resistente. La economía iraní atraviesa un deterioro severo, y ese desgaste estructural podría convertirse, más temprano que tarde, en el factor decisivo para su caída. La presión militar externa, sumada al agotamiento interno y al colapso económico, aparece como una combinación que no necesariamente derriba al régimen hoy, pero sí puede acelerar un desenlace que muchos consideran inevitable.

“El régimen va a colapsar más tarde o más temprano”, es la definición que resume una percepción cada vez más extendida: la caída no parece descartada, pero sí compleja, lenta y dependiente de una serie de factores que aún no terminaron de alinearse.