A más de dos años y medio del inicio de la guerra tras el 7 de octubre, la economía israelí muestra un comportamiento que, a simple vista, podría parecer contradictorio. Así lo explicó el economista Manuel Trajtenberg, quien analizó cómo Israel sostiene su actividad productiva en medio del conflicto, aunque alertó sobre señales preocupantes de mediano y largo plazo.
Según detalló, los indicadores generales todavía ofrecen una imagen relativamente estable. “Si vos te fijás en los datos macroeconómicos y no conocés la situación de acá, no creerías que estamos en guerra”, sostuvo. Sin embargo, advirtió que la lectura cambia cuando se observan las tendencias: “Lo que estamos viendo es que el déficit del presupuesto ha ido subiendo” y la deuda pública, que antes del conflicto rondaba el 60% del producto, ya se aproxima al 70%.
Trajtenberg también fue crítico con el presupuesto recientemente aprobado por el gobierno israelí, al que definió como una herramienta de supervivencia política más que de planificación económica. “Es un presupuesto que no es bueno para la economía”, afirmó, y agregó que “tiene sabor a elecciones”, ya que, a su juicio, posterga decisiones estructurales para el próximo gobierno. En ese marco, cuestionó además las concesiones otorgadas a los partidos ultraortodoxos para preservar la coalición oficialista: “Se sacrificaron todas las otras cosas”, señaló, al tiempo que denunció la asignación de “presupuestos increíblemente altos” en medio de múltiples urgencias nacionales.
Al bajar del plano macroeconómico a la vida cotidiana, el especialista describió una realidad mucho más compleja para miles de familias, sobre todo entre trabajadores independientes, pequeños empresarios y reservistas movilizados durante largos períodos. “Los más afectados son las compañías chicas y medianas y los totalmente independientes”, explicó. También remarcó el impacto que genera la paralización del sistema educativo y la prolongada ausencia de padres convocados al servicio de reserva: “Es una cadena muy compleja”, resumió.
Pese a todo, destacó la enorme capacidad de adaptación de la sociedad israelí, que compensa muchas veces las falencias del Estado. “La sociedad civil tiene increíbles iniciativas para ayudar a la gente”, afirmó, y describió redes de voluntariado que acompañan a familias afectadas por la guerra. Esa resiliencia también se refleja en el funcionamiento cotidiano del país: “Vos salís y hay tráfico y la gente trabaja”, relató, aunque advirtió que el desgaste social es cada vez más visible: “La gente está cansada”.
En el plano internacional, Trajtenberg subrayó que el conflicto con Irán excede por completo la dimensión militar y tiene implicancias directas sobre la economía global, en especial por la amenaza sobre el estrecho de Ormuz. “Estados Unidos no puede resignarse a que Irán controle ese estrecho”, aseguró, y remarcó que una situación así sería intolerable para el comercio energético mundial. En ese sentido, consideró que el conflicto acelerará la búsqueda de rutas alternativas para el petróleo y el gas, además de impulsar una transformación energética más profunda.
De cara al futuro, el economista se mostró convencido de que Israel podrá recuperarse, pero dejó en claro que la reconstrucción no puede ser solo económica. “Hace falta un restart”, afirmó, al reclamar una renovación “política, económica y social”. Para Trajtenberg, el país logró debilitar a sus principales enemigos en el plano militar, pero el verdadero desafío será convertir ese resultado en una ventaja geopolítica duradera. “Hace falta traducir ese éxito militar en éxito geopolítico a largo plazo”, concluyó.
