El Pentágono diseña una operación compleja frente a minas, enjambres navales y vigilancia satelital
Estados Unidos avanza en la planificación de una ofensiva militar de gran escala destinada a asegurar el control del Estrecho de Ormuz, en lo que podría convertirse en una de las operaciones navales más complejas de las últimas décadas. La iniciativa, impulsada por Donald Trump, busca neutralizar la capacidad de Irán de bloquear esta arteria crítica para el comercio energético global.
La estrategia, según fuentes militares, apunta a romper el dispositivo defensivo desplegado por la Guardia Revolucionaria iraní, que en las últimas semanas ha reforzado su presencia con misiles costeros, minas marinas, lanchas rápidas de ataque y sistemas de vigilancia satelital con apoyo tecnológico de China y Rusia.
Un objetivo estratégico: abrir Ormuz a cualquier costo
El Estrecho de Ormuz concentra cerca del 20% del comercio mundial de petróleo. Su cierre prolongado tendría consecuencias económicas inmediatas, con impacto directo en los precios de la energía, las rutas marítimas y la estabilidad de los mercados internacionales.
El plan del Pentágono contempla una operación en múltiples fases: primero, la neutralización de sistemas de radar y misiles costeros; luego, la limpieza de minas submarinas mediante drones navales y unidades especializadas; y finalmente, el establecimiento de un corredor marítimo protegido por fuerzas aéreas y navales estadounidenses.
El desafío es considerable. Irán ha desarrollado durante años una doctrina de “guerra asimétrica” diseñada específicamente para este escenario, basada en saturar a fuerzas superiores con ataques simultáneos de bajo costo pero alta dispersión.
El sistema defensivo iraní: una red difícil de penetrar
Uno de los principales obstáculos para Estados Unidos es la combinación de amenazas que Irán ha desplegado en la región.
Las minas de profundidad representan un riesgo crítico para el tráfico marítimo, ya que pueden bloquear rutas clave sin necesidad de enfrentamientos directos. A esto se suman las lanchas ultra rápidas de la Guardia Revolucionaria, capaces de lanzar ataques coordinados contra buques militares y comerciales.
En paralelo, el régimen iraní ha fortalecido su capacidad de vigilancia mediante satélites y sistemas de inteligencia compartidos con potencias como Rusia y China, lo que le permite monitorear movimientos navales en tiempo real y anticipar maniobras estadounidenses.
Riesgos de escalada y choque directo
La operación que evalúa Washington no está exenta de riesgos. Un enfrentamiento abierto en Ormuz podría escalar rápidamente hacia un conflicto regional más amplio, involucrando a aliados de Irán y afectando múltiples frentes simultáneamente.
Además, el uso intensivo de recursos navales y aéreos en una zona tan estrecha incrementa la posibilidad de incidentes no controlados, especialmente en un entorno saturado de amenazas como drones, misiles y embarcaciones rápidas.
Sin embargo, desde la Casa Blanca consideran que permitir que Irán mantenga la capacidad de cerrar el estrecho es un riesgo estratégico aún mayor.
Escenarios posibles en las próximas 48 horas
El desarrollo de esta ofensiva podría derivar en varios escenarios inmediatos:
Apertura controlada del estrecho: Estados Unidos logra establecer corredores seguros para la navegación, reduciendo el impacto económico global.
Escalada militar regional: Irán responde con ataques contra bases estadounidenses o aliados en el Golfo.
Guerra prolongada de desgaste: ambos bandos entran en una dinámica de ataques limitados pero constantes en la región.
Intervención indirecta de potencias externas: Rusia y China incrementan su apoyo técnico o logístico a Teherán.

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