A pocas horas del inicio del séptimo y último día de Pesaj en Israel, el clima festivo convive con una creciente sensación de incertidumbre y angustia. Mientras en la diáspora la celebración se extiende por dos jornadas, en el Estado judío se concentra en un solo día que este año llega atravesado por la amenaza de un nuevo punto de inflexión en la guerra regional. En el centro de la escena vuelve a ubicarse Irán, cuyo margen de maniobra parece reducirse a medida que se acerca el vencimiento del ultimátum lanzado por el presidente estadounidense Donald Trump.
Según el análisis de Natalio Steiner, durante la madrugada israelí podrían producirse “novedades militares de importancia, de gravedad”, en función del plazo que Washington habría impuesto a Teherán para poner fin al conflicto. La evaluación sostiene que “no hay ya más espacio para ningún tipo de negociación, salvo para una rendición de Irán”, en un escenario donde la presión internacional y militar parece concentrarse sobre el régimen iraní. Entre las exigencias mencionadas figuran la liberación del estrecho de Ormuz y el control del uranio enriquecido que, según se advierte, representa una amenaza directa para Israel.
La mirada planteada subraya que, ante una eventual ofensiva estadounidense e israelí, Irán podría responder intensificando sus ataques con misiles y ampliando el radio de desestabilización regional, apuntando contra infraestructuras energéticas y objetivos estratégicos en Medio Oriente. “Irán está dispuesto a absorber un ataque furibundo masivo de Estados Unidos y de Israel”, se afirmó, al tiempo que se definió este enfrentamiento como una guerra “asimétrica”, en la que cada parte entiende la victoria de manera distinta: para Israel y Estados Unidos, implicaría neutralizar la amenaza nuclear y balística; para Irán, simplemente resistir y sobrevivir.
En ese marco, la festividad de Pesaj adquiere una resonancia especial. Bajo un cielo gris y lluvioso, la crónica cierra con una apelación espiritual y simbólica: así como la tradición judía recuerda en estos días la salida de Egipto y el cruce del Mar Rojo, también hoy se renueva el deseo de un desenlace milagroso. En medio de la guerra, la amenaza nuclear y la violencia regional, Israel se prepara para vivir una jornada sagrada marcada por la oración, la memoria y la esperanza de que el conflicto no derive en un escenario aún más devastador.
