En medio de Pesaj y con la atención puesta tanto en la situación interna de Venezuela como en la escalada en Medio Oriente, la comunidad judía venezolana atraviesa estos días con una mezcla de serenidad institucional, preocupación regional y expectativa política. Así lo expresó Miguel Truzman, Director Coordinador Nacional de la Confederación de Asociaciones Israelitas de Venezuela, quien aseguró que, pese a la reducción numérica que sufrió la comunidad en las últimas décadas, hoy se mantiene “vibrante, activa” y con una vida comunitaria plena.
Según detalló, durante la festividad se desarrollaron actividades significativas, entre ellas un seder interconfesional con representantes del mundo islámico, cristiano y católico, además de diplomáticos, embajadores y periodistas. En ese marco, destacó además la relación actual con las autoridades venezolanas: “Hemos tenido total apertura en cuanto a nuestras relaciones y en cuanto a la seguridad que nos prestan a todos los centros comunitarios, el club deportivo y todas las sinagogas”.
Truzman sostuvo que, pese a los antecedentes de tensión por la histórica cercanía del chavismo con Irán y las reiteradas denuncias sobre la influencia de Hezbollah en Venezuela, “eso no ha tenido un impacto negativo en la comunidad”. Aunque reconoció que existen investigaciones periodísticas y políticas sobre ese vínculo, remarcó que la vida cotidiana de los judíos venezolanos no se ha visto alterada por esa situación. A la vez, planteó que el país parece atravesar “un momento político diferente”, con señales que podrían derivar en una transición institucional y electoral.
Uno de los gestos que más llamó la atención en este contexto fue el mensaje oficial por Pesaj emitido desde el gobierno venezolano. Truzman señaló que la felicitación de Delcy Rodríguez hacia la comunidad “fue un mensaje interesante porque teníamos tiempo sin oír ese tipo de situaciones”, y lo interpretó como parte de una relación “armoniosa, constante, fluida” con el oficialismo en cuestiones vinculadas a la práctica religiosa, la seguridad y la logística comunitaria.
Sin embargo, el dirigente también recordó que la herida diplomática con Israel sigue abierta desde 2009, cuando Hugo Chávez rompió relaciones con el Estado judío y expulsó a su representación diplomática. “No hemos tenido relaciones diplomáticas ni consulares con el Estado de Israel”, lamentó, al tiempo que reafirmó el perfil sionista de la comunidad: “Nos declaramos una comunidad totalmente sionista en favor no solo de la existencia del Estado de Israel, sino de la legitimidad que tiene como Estado de su defensa”.
En el plano político interno, Truzman describió el presente venezolano como un escenario de “optimismo cauteloso”, aunque admitió que aún persisten obstáculos severos, como la existencia de presos políticos. “Hubiéramos querido que eso hubiera sido expedito”, dijo en referencia a una eventual liberación de detenidos por razones de conciencia, y sostuvo que ese punto será clave para evaluar si realmente se avanza hacia una elección libre y competitiva.
El cierre de Pesaj, con su simbolismo de libertad y redención, aparece así como una metáfora poderosa para una comunidad que observa con atención tanto el destino de Venezuela como el de Israel. Con familiares en el Estado judío y un seguimiento permanente de la guerra con Irán, Truzman resumió el sentimiento de muchos judíos venezolanos: una mezcla de preocupación, identidad y esperanza, en la convicción de que, aun en medio de la incertidumbre, “el camino va a ser otro”.
