¿Tregua o pausa táctica? La inquietante radiografía de Israel tras 40 días de guerra – Marcelo Kisilevski

Mientras Israel atraviesa una pausa militar tan incierta como inestable, el periodista y analista internacional Marcelo Kisilevski trazó un crudo diagnóstico sobre el clima que se vive en el país: alivio parcial, enojo social, ataques persistentes en el norte y un fuerte escepticismo sobre la posibilidad de que el actual entendimiento diplomático se transforme en una paz real.

En diálogo con Radio Jai, Kisilevski describió una realidad marcada por contrastes. Por un lado, buena parte del país intenta retomar cierta normalidad, con la reapertura de escuelas y el regreso de miles de personas a sus trabajos. Pero, al mismo tiempo, en el norte de Israel la situación dista de parecerse a una tregua.

La principal fuente de tensión sigue estando en la frontera con el Líbano. Según señaló Kisilevski, durante toda la jornada se registraron lanzamientos de Hezbolá hacia comunidades del norte israelí, con alarmas constantes en localidades como Kiryat Shmona y Misgav.

Ese escenario alimenta la sensación de que el cese del fuego anunciado no logró modificar de manera sustancial la vida de quienes viven bajo amenaza cotidiana. Para muchos israelíes, especialmente en esa zona del país, el problema no pasa solo por detener momentáneamente los ataques, sino por neutralizar definitivamente la amenaza.

“La gente está enojada porque Netanyahu está diciendo: ‘Vamos a garantizar la seguridad de los habitantes del norte alejando a Hezbolá lo más posible’. ¿Cómo alejando y no desarmando?”, planteó.

En ese marco, el debate interno en Israel gira cada vez más en torno a si el gobierno logró capitalizar los avances militares o si, por el contrario, está aceptando una salida política prematura sin resolver el problema de fondo.

Irán, entre los golpes y la narrativa de victoria

Kisilevski también se detuvo en el frente iraní, donde planteó una mirada que incomoda a buena parte de Occidente: más allá de los daños sufridos, Teherán logró sobrevivir, y eso ya le permite construir un relato de triunfo.

“Ellos tenían efectivamente el objetivo estratégico de sobrevivir como régimen y lo lograron”, afirmó.

Según explicó, desde la lógica del régimen iraní, el solo hecho de haber resistido el ataque de Estados Unidos e Israel ya puede ser presentado como una victoria política y simbólica. A eso se suma otro elemento central: el valor estratégico del estrecho de Ormuz, que Teherán volvió a colocar en el centro del tablero regional.

“Encontraron la vuelta al gran enemigo, que se llama simplemente estrecho de Ormuz. Dijeron: ‘No sabíamos el activo que teníamos en las manos. No lo vamos a soltar nunca’”, analizó.

En ese sentido, sostuvo que Irán llega a la mesa de negociación no como un actor derrotado, sino como un jugador golpeado pero todavía de pie, con capacidad de presión y con margen para imponer parte de sus condiciones.

Trump, el acuerdo y una negociación “pegada con saliva”

A la hora de evaluar la viabilidad del proceso diplomático que comenzará este sábado, Kisilevski fue tajante: la falta de confianza entre las partes es casi total.

“Hay algunos que llaman a este cese del fuego un acuerdo pegado con saliva”, dijo, al describir un entendimiento extremadamente frágil, sin espíritu de reconciliación y con amenazas cruzadas todavía muy presentes.

Para el analista, ni Washington confía en Teherán ni Teherán cree en las garantías que pueda ofrecer Donald Trump, especialmente después de los antecedentes recientes. En ese marco, consideró que cualquier incumplimiento menor podría volver a encender el conflicto en cuestión de horas.

“Todos están amenazando con que tienen el dedo en el gatillo”, advirtió.

A eso se suma una dificultad central: la negociación formal será entre Estados Unidos e Irán, mientras que otros actores decisivos —como Israel, la Unión Europea, Rusia, China o los países del Golfo— observan desde afuera un acuerdo que también afectará sus intereses estratégicos.

El día después: ¿oportunidad o pausa antes de una nueva escalada?

Más allá de la incertidumbre inmediata, Kisilevski consideró que Israel podría salir fortalecido de esta etapa si logra traducir su poder militar en una nueva arquitectura regional. En particular, señaló que el actual contexto podría abrir una oportunidad para consolidar alianzas con países árabes moderados y seguir profundizando los Acuerdos de Abraham.

“Creo que Israel sale como un actor muy fortalecido en términos de disuasión en todo el Medio Oriente”, sostuvo.

Sin embargo, evitó cualquier triunfalismo. Recordó que Hamás, Hezbolá y también Turquía seguirán siendo factores de presión en la región, y que el debilitamiento de Irán no implica automáticamente la desaparición de las amenazas.

“A mí me da la sensación de que antes de estar mejor, vamos a tener que estar peor”, admitió.

Aun así, dejó una puerta abierta a una transformación más profunda si el régimen iraní termina erosionándose desde adentro y si Israel logra capitalizar este momento político y militar.