El antisemitismo no es un fenómeno nuevo ni aislado. Es un odio antiguo que, lejos de desaparecer, atraviesa largos períodos de latencia hasta que determinados acontecimientos lo reactivan con una virulencia renovada. En las últimas semanas, esa reaparición volvió a encender todas las alarmas en distintas capitales de Occidente, con ataques, boicots y episodios de violencia que confirman que el problema no solo persiste, sino que se profundiza.
Los recientes atentados y manifestaciones antijudías, como los ocurridos durante celebraciones de Janucá en ciudades que se consideran símbolos de tolerancia y convivencia, exponen una falla estructural: la incapacidad —o falta de voluntad— de los Estados para actuar de manera firme frente a la escalada del odio.… Leer más
