El fin de la cuestión de los rehenes —cualquiera sea la forma concreta que finalmente adopte— no clausura el dolor. Lo transforma. Marca un umbral. No es un punto final, sino un pasaje: del grito suspendido al duelo posible, de la espera paralizante a la responsabilidad de seguir viviendo.
Hace décadas, los psiquiatras alemanes Alexander y Margarete Mitscherlich,en su obra La imposibilidad de hacer duelo (1967) nos advirtieron sobre los peligros de una sociedad incapaz de elaborar sus pérdidas.
Para los Mitscherlich, el duelo es una tarea ética y política, no solo psicológica.… Leer más
