“¿Allein?” gruñó el SS, clasificando a los deportados a diestro y siniestro en cuanto bajaron del tren. Era una de las pocas palabras alemanas que Liliana Segre, de trece años, conocía: allein, solo. Lo había aprendido de una canción entonces popular, “Wien, Wien, du Wien allein”. Un fragmento casi poético en el corazón del horror de Auschwitz. “No quería quedarme sola”, recuerda Segre en el silencio del Memorial del Holocausto en Milán, lugar del que fue deportada hace 82 años.
Poco antes, dice, se había separado de su padre Alberto. Se despidió de él convencida de que volvería a verle.… Leer más
