Israel vivió este lunes una de esas jornadas que quedan marcadas para siempre en la memoria colectiva. Ran Gvili volvió a casa. No como todos hubieran deseado: volvió sin vida. Su regreso, sin embargo, era una necesidad nacional. El país entero esperaba cerrar ese capítulo abierto desde el ataque del 7 de octubre, aun sabiendo que el desenlace sería trágico.
Las imágenes hablaron por sí solas. Soldados abrazados, cantando y rezando alrededor del cuerpo recuperado; rostros endurecidos por el dolor; lágrimas imposibles de contener. El momento más desgarrador llegó con la despedida final: un padre quebrado, besando la bandera de Israel que cubría el féretro de su hijo.… Leer más
