De la brecha digital a la brecha de creatividad

Por el Prof. León Trahtemberg

Por un buen tiempo se habló de que las desigualdades de oportunidades se derivaban de la falta de acceso de los pobres a la escuela. Una vez logrado el acceso masivo a la escuela, se planteó que las desigualdades era la diferencia entre los recursos que tenían las escuelas lo que establecía las diferencias en las calidades. Más recientemente se ha estado hablando de la desigualdad como consecuencia de que unos tienen acceso al mundo digital y otros no. Sin embargo, con la masificación de las TICs se observa que ninguno de esos desarrollos explica realmente las razones por las que unos egresados del sistema educativo tienen acceso a los mejores empleos y remuneraciones, y los otros solo acceden a empleos ocasionales, usualmente mal pagados, y poco auspiciosos para hacer carrera.

Ocurre que cada vez más, se evidencia de que haber estudiado en un colegio o universidad reputados, no es lo que diferencia a unos y otros, sino la capacidad de los egresados de ser creativos, innovadores, adaptarse a los ambientes cambiantes e inciertos del mundo globalizado y las nuevas formas de comunicación, competencia y mercado. Acabamos de verlo en relación a quienes fueron resilientes a la pandemia. En suma, no es la brecha digital sino de la posesión de una actitud de vida creativa, lo que les  permite lidiar de manera innovadora con los problemas de la vida profesional, académica, laboral, social y personal.

Siendo así, la gran pregunta es ¿Cómo se forman las personas creativas? Entre los autores con los que me identifico y que recomiendo para profundizar en el tema, están John Spencer y A.J.Juliani que escribieron el libro “Launch; usando el pensamiento de diseño para impulsar la creatividad y resaltar el creador en cada estudiante” (“Launch; using design thinking to boost creativity and bring out the maker in every student”) del cual tomo algunos conceptos de los dos primeros capítulos para explicar el tema que motiva este artículo.

Hay que partir por entender que todos tenemos un potencial creativo. La creatividad no es propiedad de algunos genios a los que en un momento de inspiración se les ocurre una idea genial. La investigadora Vera John Steiner entrevistó a más de 70 genios vivientes y analizó los apuntes de líderes del   pensamiento mundial ya fallecidos (Einstein, Tolstoi, etc.). Encontró que la creatividad empieza con esbozos, apuntes erráticos, esquemas, ideas sueltas, diálogos incompletos, prototipos, etc. que se dejan madurar y que solo luego de un tiempo de manipulación, articulación, maduración, se convierten en ideas poderosas y disruptivas. Las grandes creaciones emergen de un zigzag de ideas, borradores de teorías, ensayos y errores, arriesgar nuevas opciones, hasta que logran formular una idea redonda.

Siendo así, la pregunta es ¿Cómo activar en los niños desde pequeños sus músculos creativos, su confianza en que ser creativos es una buena opción, interesante, generadora de ideas propias originales? ¿Cómo se hace para darles a los niños la oportunidad de zigzaguear con sus ideas?

Fundamentalmente se requiere entender que el rol del profesor es el del coach de los alumnos, líder de la creatividad, que desafía diariamente a los alumnos a pensar en profundidad, argumentar críticamente y resolver problemas, cada uno a su manera. No se trata de escoger la mejor solución, sino de ayudar a pulir cada opción para que responda al objetivo de resolver un problema, que se puede resolver de muchas maneras (aunque eso no sea cómodo para el maestro tradicional que prefiere una sola solución correcta a cada problema).

Para ello se requiere salones de clases en los que estén omnipresentes los estímulos a la creatividad, en los que por ejemplo, en vez de que los alumnos vean un video de YouTube más bien produzcan el suyo, (generen el libreto, la grabación, edición etc.); que en vez de leer una novela la puedan crean; que en vez de aplicar fórmulas las inventan.

Eso no ocurrirá en la escuela-factoría tradicional, en la que simulando una línea de ensamblaje todo está prescrito y definido desde fuera y por anticipado, por un currículo o plan de clases del profesor hecho por adelantado en ausencia de las ideas de los alumnos, y con aprendizajes esperados orientados a desempeños evaluables con pruebas y notas, situaciones en las que los alumnos son consumidores o repetidores y no creadores de conocimientos. En ese contexto rígido no sólo pierden la oportunidad de ser creativos, sino también de disfrutar del sentimiento de ser creativos, que ocurre cuando tienen la oportunidad de diseñar y crear lo que imaginaron.

Tomemos nota que aprender no equivale a procurar sacar buenas notas, sino al hecho de gestar conocimientos, que se construyen a partir de la motivación intrínseca, adquiriendo significado que además tiene la posibilidad de ser evocado y transferido.

En suma, de lo que se trata no es solo de pensar “fuera de la caja”, sino también la de innovar buscando soluciones “dentro de la caja”, porque allí ocurre el día a día.

Si decimos que la educación de hoy no debe ser un calco de la de ayer, este es el tipo de conversaciones que deberían tener los maestros.

 

 

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