Fumio Kishida, primer ministro de Japón

Por Ricardo López Göttig

Tras la renuncia de Yoshihide Suga como primer ministro en Japón, el Partido Liberal Democrático eligió el miércoles pasado a Fumio Kishida para sucederlo, y hoy lunes asumió como nuevo jefe de gobierno. El Partido Liberal Democrático, que gobierna casi ininterrumpidamente desde la posguerra, salvo dos períodos, lo hace en coalición con el partido budista Nuevo Komeito, de índole pacifista y representativo de las clases medias urbanas.

Fumio Kishida es un político de larga trayectoria, que desde 1993 ocupa una banca por el distrito de Hiroshima, continuando una tradición que viene desde su abuelo y su padre. Vivió su infancia en Estados Unidos, cuando su padre fue diplomático en ese país. Entre 2012 y 2017 fue ministro de Relaciones Exteriores, siendo Shinzo Abe el primer ministro, y tuvo una gran actuación en las gestiones para que el entones presidente Barack Obama fuese el primer mandatario estadounidense en visitar Hiroshima, en resolver la difícil negociación con Corea del Sur sobre las “confort women”, y pudo establecer vínculos estrechos con la diplomacia rusa, aunque sin tener resultados notables, en torno a las islas Kuriles.

El PLD es, junto a la burocracia profesional del Estado japonés y los conglomerados económicos conocidos como Keiretsu, el triángulo de hierro de la política nipona. Es el partido que representa a las grandes empresas y, a la vez, tiene una fuerte base electoral en los campesinos, de ahí que se hable de la alianza del arroz y el acero. El Nuevo Komeito le amplía la base electoral, llegando a las clases medias urbanas, especialmente a los sectores comerciales.

Se estima que hacia fines de octubre habrá una convocatoria a elecciones en las que se refrendará al nuevo liderazgo, en comicios en los que las campañas electorales apenas duran dos semanas. Fumio Kishida asume como primer ministro en un tiempo en el que cobra relevancia global la prioridad que otorga la administración estadounidense como rival a la República Popular China, por lo que Japón es el aliado por excelencia en ese escenario.

La experiencia política y diplomática del nuevo primer ministro será clave para fortalecer esa alianza, que se extiende a países como Australia e India, en un momento de tirantez de los gobiernos de Estados Unidos y Francia por la conformación del AUKUS en la región del Indo-Pacífico. Es previsible que el PLD gane tranquilamente las elecciones, aun cuando la figura del nuevo primer ministro no despierte especial entusiasmo en la opinión pública japonesa, primando la búsqueda de estabilidad y continuidad en tiempos turbulentos.

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