La verdad de la fraudulenta cumbre democrática de Biden

La tan cacareada cumbre virtual sobre la democracia de Washington del 9 y 10 de diciembre ya está generando críticas justificadas. Centrar la política exterior de Estados Unidos en la promoción de la democracia -de forma retórica, si no sustantiva- trae a la memoria el malogrado esfuerzo de George W. Bush. Jugar la carta de la democracia también ha exacerbado las ya graves tensiones entre la administración Biden y Rusia y China. Ambas potencias interpretan la cumbre como un esfuerzo por alistar a otras naciones en una política hostil y de contención dirigida contra ellas.

Sin embargo, el peor rasgo de la cumbre es la descarada hipocresía de la política estadounidense sobre la democracia. Es cierto que ésta ha sido una característica antigua y vergonzosa de la política exterior de Washington. Muchos de los aliados del «Mundo Libre» a los que los líderes estadounidenses apoyaron, financiaron y armaron durante la Guerra Fría eran en realidad tiranos brutales y corruptos. Lo que les importaba a los funcionarios estadounidenses era que esos regímenes eran fiablemente anticomunistas y especialmente antisoviéticos. La naturaleza de su gobierno interno podía ser -y generalmente era- pasada por alto. La lista de invitados a la cumbre de Biden pone de manifiesto que el doble rasero de Estados Unidos en materia de democracia sigue vivo.

Aunque la administración excluyó a todos los gobiernos que son autocracias evidentes e indiscutibles, algunos de los invitados merecieron una reacción de sorpresa, si no de franca repugnancia, por parte de personas verdaderamente comprometidas con las normas democráticas. A pesar de que los propios informes del Departamento de Estado confirman que Pakistán y Filipinas son frecuentemente culpables de «ejecuciones extrajudiciales» y otros abusos de las libertades civiles, representantes de ambos gobiernos participarán en la cumbre. Asimismo, India y Brasil tienen el honor de aportar información sobre la promoción de la democracia, a pesar de su dramática recaída en prácticas autoritarias en los últimos años. Kosovo también figura en la lista de invitados, a pesar de que miembros clave de la élite política del país se enfrentan a cargos por crímenes de guerra y contra la humanidad ante un tribunal internacional. Los cargos en este caso incluyen el asesinato sistemático de prisioneros de guerra para vender sus órganos en el mercado negro internacional.

Surge un patrón claro en cuanto a las inclusiones y exclusiones, especialmente en los casos turbios o marginales. Hay dos tipos de gobiernos que figuran en la lista de invitados, incluso cuando existen serias dudas sobre su propio compromiso con la democracia. En la primera categoría se encuentran los actores geopolíticos importantes a los que Washington corteja por objetivos estratégicos. Esta categoría es la razón por la que no había casi ninguna posibilidad de que India o Brasil fueran desairados.

Los líderes estadounidenses quieren que India se convierta en un miembro activo de una política de contención dirigida contra China. Tanto el gobierno de Trump como el de Biden presionaron agresivamente para convertir el Diálogo Cuadrilateral de Seguridad, comúnmente conocido como la Cuadrilateral, que tiene como miembros a Japón, Australia, India y Estados Unidos, en una alianza militar con ese propósito. Aunque la Cuadrilateral ha realizado un número creciente de ejercicios militares conjuntos, el primer ministro indio Narendra Modi se ha abstenido hasta ahora de asumir ese compromiso político, pero el cortejo de Washington continúa. Brasil es un actor económico y político clave en el hemisferio occidental, y a Washington le preocupa especialmente el gobierno del presidente Jair Bolsonaro y sus crecientes vínculos económicos con Rusia y China. Dado este contexto geopolítico, los funcionarios de la administración Biden no permitirán que los defectos en la gobernanza interna de ninguno de los dos países sean un obstáculo para los objetivos estratégicos.

La forma en que los países más pequeños, con credenciales democráticas muy cuestionables, obtuvieron el imprimatur de Washington para la cumbre sobre la democracia fue seguir obedientemente el liderazgo de Estados Unidos en cuestiones internacionales importantes. Es notable, por ejemplo, que Polonia e incluso Ucrania recibieran invitaciones al cónclave, pero Hungría, miembro de la OTAN, no. Es cierto que el gobierno húngaro del primer ministro Victor Orban ha mostrado crecientes tendencias autocráticas. Sin embargo, Polonia ha mostrado un comportamiento preocupante similar, aunque de forma ligeramente más suave. Sin embargo, hay una diferencia evidente: Varsovia abraza con entusiasmo la política de confrontación de Washington hacia Rusia, mientras que Budapest es mucho más ambivalente.

La hipocresía de Washington es aún más evidente en la invitación de Ucrania a la cumbre. Ucrania ha sido aún más descarada que Hungría a la hora de silenciar a los medios de comunicación opositores y de cometer otros abusos contra las libertades civiles. En su informe de 2021 sobre las libertades políticas, Freedom House da a Hungría una puntuación de sesenta y nueve, situándola en la categoría de «parcialmente libre». Sin embargo, Ucrania recibe una puntuación aún más anémica, de sesenta, lo que supone una continuación de su constante descenso en los últimos años. De hecho, varios de los otros invitados de Washington tampoco salen bien parados. La puntuación de India es de sesenta y siete; la de Filipinas, de cincuenta y seis; la de Kosovo, de cincuenta y cuatro; y la de Pakistán, de treinta y siete, lo que apenas mantiene a este país fuera de la categoría de «no libre».

Sin embargo, Ucrania recibe una puntuación aún más anémica, de sesenta, lo que supone una continuación de su constante descenso en los últimos años. De hecho, varios de los otros invitados de Washington tampoco salen bien parados. La puntuación de India es de sesenta y siete; la de Filipinas, de cincuenta y seis; la de Kosovo, de cincuenta y cuatro; y la de Pakistán, de treinta y siete, lo que apenas mantiene a este país fuera de la categoría de «no libre». Sin embargo, Washington ha decidido tratar a Ucrania como un miembro de la OTAN en todo menos en el nombre y hacer de Kiev un aliado de primera línea contra Rusia. En consecuencia, el deterioro de los valores y las prácticas democráticas de Ucrania se considera irrelevante.

Un doble rasero tan flagrante debería avergonzar a la administración Biden. La cumbre sobre la democracia demuestra que el supuesto compromiso de Washington con la libertad y los valores democráticos como característica clave de la política exterior estadounidense es tan incoherente e hipócrita como siempre. Biden y sus asesores se merecen con creces cualquier desprecio que reciban.

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