Parasha Balak, Drasha del Rab Jonathan Sacks z’l

Libro Bamidbar / Números (22:2 a 25:9)

Resumen de la Parashá 

La parashá comienza relatando que Balak, rey de Moab, vio que el Pueblo de Israel había vencido a los emoritas, y se atemorizó. Sabía que era un pueblo numeroso y temía ser invadido por ellos y para evitarlo se alió a los midianitas.  Asimismo, envió mensajeros a Bilham, que vivía en Petor, quien era nigromante, para que los maldijera. 

Bilham pidió a los enviados que pernoctaran allí, pues él consultaría con Hashem sobre si podía hacerlo, y habiéndosele aparecido durante la noche, el Todopoderoso le indicó no hacer nada contra ese pueblo, ni que acompañara a los mensajeros.  Así lo hizo.

Balak consideró que una segunda invitación surtiría más efecto y envió a otra delegación mayor y prestigiosa que la anterior que llevaba mayores recompensas.  Nuevamente Bilham pidió que permanecieran esa noche con él, para volver a consultar al Eterno.  En esta oportunidad recibió como respuesta que fuera con los mensajeros, pero que solamente hablaría lo que Él le indicaría. 

A la mañana siguiente ensilló su asna y se encaminó hacia Balak. En el trayecto se le apareció un ángel que le obstaculizó el camino.  Solamente el asno vio al ángel del Eterno y desvió su camino por lo que Bilham la castigó, pero nuevamente el ángel no le permitió continuar el camino. Luego Bilham vio al ángel y se prosternó y le reiteró que solo hablaría las palabras del Eterno.

Una vez llegado hasta Balak, éste le ofreció una fiesta en su honor.  A la mañana siguiente fueron a la colina de Baal, para que Bilham viera de allí al campamento del Pueblo de Israel.  Bilham pidió se construyeran siete altares y sacrificaron un carnero y un buey en cada uno de ellos y consultó a Hashem, Quien puso Sus palabras en él, y en su discurso dijo, ¿por qué iba a maldecir a quien Hashem no maldice?, y terminó alabándolo. Esto disgustó a Balak y decidió llevar a Bilham a la cima del monte Pisgá, creyendo tener en ese lugar mejor suerte.  Pero nuevamente Bilham lo decepcionó ya que volvió a bendecir al Pueblo de Israel.  Balak pidió a Bilham que desistiera de su pedido y finalmente Bilham predijo que ese Pueblo sería soberano y que vencería a Moab, Edom y Amalek.

Los Benei Israel acamparon posteriormente en Shitim, donde mujeres moabitas provocaron a los israelitas para unirse a ellas, adorando a idolatrías e inmoralidades. El Eterno ordenó a Moshé sentenciar de muerte a los pecadores y lo hizo mediante una plaga.  Entonces Pinjás, hijo de Eleazar, el Cohén Gadol, vio a un Benei Israel manteniendo relaciones con una midianita, y decidió matarlos a ambos con una lanza. Durante el tiempo que duró la plaga murieron veinticuatro mil israelitas


Rabino Jonathan Sacks Z´L´

Liderazgo y lealtad

Traductor: Carlos Betesh
Editora: Abraham Maravankin

¿El liderazgo consiste en tener una serie de habilidades y la capacidad de tomar y manejar el poder? ¿O tiene además una dimensión esencialmente moral? ¿Puede una mala persona ser un buen líder, o su maldad comprometerá su liderazgo? Esa es la pregunta planteada por la figura central de la parashá de esta semana, el profeta pagano Bilam.
Primero, y a manera de introducción, tenemos la prueba evidente de que Bilam realmente existió. Un descubrimiento arqueológico realizado en 1967 en Deir ‘Alla, en la confluencia de los ríos Jordán y Jabok, descubrió una inscripción en la pared de un templo pagano datado en el siglo VIII a.e.c. que hace referencia a un vidente llamado Bilam ben Beor, en términos marcadamente similares a los de nuestra parashá. Bilam era una persona bien conocida en la región.
Sus dotes eran realmente impresionantes. Era un religioso de gran virtuosismo, chamán muy requerido, mago, hechicero y adivino. Refiriéndose a Bilam, dice Balak, basado en su experiencia o en su reputación: “Yo sé que al que tú bendices es bendecido, y al que maldices es maldecido” (Números 22:6). La literatura rabínica no lo cuestiona. Tampoco la frase “Ningún profeta ha aparecido en Israel como Moshé, a quien el Señor conoció cara a cara.” (Deuteronomio 34:10) Los sabios fueron aún más allá diciendo: “En Israel no hubo profeta más grande que Moshé, pero sí lo hubo entre las naciones. ¿Quién era? Bilam.”[1]
Una fuente midráshica señala que “No hubo nada en el mundo que el Santo, Bendito sea, no haya revelado a Bilam, que sobrepasó aún a Moshé en el conocimiento de la magia.”[2] A nivel técnico, Bilam tenía todas las cualidades.
Pero el veredicto ulterior sobre Bilam es negativo. En el capítulo 25 leemos la secuencia irónica del episodio de las bendiciones/maldiciones. Los israelitas, habiendo sido salvados por Dios de las supuestas maldiciones de Moab y Midián, sufrieron una tragedia auto infligida al no resistir las tentaciones de las mujeres del lugar. La ira de Dios fue feroz. Varios capítulos más adelante (Números 31:16) se señala que fue Bilam el autor de esta estrategia: “Ellos fueron los que siguieron el consejo de Bilam, y lo que ocurrió en Peor fue el plan elaborado por él para alejar a los israelitas del camino del Señor, y así fue que la plaga cayó sobre el pueblo del Señor.” Habiendo fracasado en maldecir a los israelitas, logró luego causarles un gran daño.
Por eso la imagen que surge de las fuentes judías es la de un hombre de grandes dotes, un profeta genuino, un personaje que los sabios han comparado con el mismo Moshé – pero al mismo tiempo dueño de un carácter fallido que a la larga conduciría a su caída y a su reputación como malvado, siendo uno de los condenados por la Mishná a no tener un lugar en el mundo venidero.[3]
¿Dónde radica su falla? Hay muchas especulaciones pero el Talmud infiere que tiene que ver con su nombre. ¿Cuál es el significado de Bilam? El Talmud responde: es “un hombre sin pueblo.” (belo am)[4]
Es una inferencia sutil. Bilam es un hombre sin lealtades. Balak lo mandó llamar diciendo: “Ven, maldice a este pueblo porque es demasiado poderoso para mí… Pues yo sé que a los que bendices son bendecidos y a los que maldices son maldecidos.” Bilam era un profeta que se podía contratar. Tenía poderes sobrenaturales. Si bendecía a una persona, tendría éxito. Y si la maldecía, esa persona estaría signada por el infortunio. Pero no existe indicador en ninguno de los informes bíblicos o en otros que indiquen que era un profeta con sentido moral: que le preocupara la injusticia, el desierto, lo bueno o lo malo de las personas cuyas vidas podía afectar. Como un sicario de épocas recientes, Bilam era un solitario. Sus servicios podían ser requeridos. Tenía habilidades que usaba con efecto devastador. Pero carecía de compromisos, lealtades y anclaje en la humanidad. Era el hombre belo am, sin un pueblo.
Moshé era lo contrario. Dios mismo dijo de él: “Es supremamente leal a Mí en toda Mi casa.” (Números 12:7) A pesar de las decepciones que le provocó el pueblo, nunca dejó de discutir con Dios a su favor. En la primera intervención que tuvo Moshé en representación del pueblo ante el Faraón que provocó el empeoramiento de las condiciones de trabajo, dijo: “Oh, Señor, ¿por qué maltratas a Tu pueblo? ¿Por qué me has enviado?” (Éxodo 5:22).
Cuando los israelitas construyeron el Becerro de Oro y Dios amenazó con destruirlos y comenzar de nuevo con Moshé, él dijo: “Ahora, por favor, perdona su pecado. Si no, bórrame del libro que has escrito” (Éxodo 32:32). Cuando el pueblo, desmoralizado por el informe de los espías, quiso retornar a Egipto y la ira de Dios se desató contra ellos, dijo: “Con Tu gran amor, perdona el pecado de esta nación así como lo has hecho (desde el tiempo en que salieron) de Egipto hasta ahora.” (Números 14:19).
Cuando Dios amenazó castigarlos por la rebelión de Koraj, Moshé rezó: “¿Vas a estar enojado con toda la asamblea por culpa del pecado de un solo hombre?” (Números 16:22). Asimismo en el caso de Miriam, cuando ella habló mal de él y fue castigada con la lepra, Moshé rezó a Dios por su bien: “Por favor Dios, cúrala ahora.” (Números 12:13). Moshé nunca dejó de abogar por su pueblo aunque hubiera pecado por más audaz que fuera la plegaria y aun poniendo en juego su relación con Dios. Conociendo los defectos del pueblo, se mantuvo totalmente leal a ellos.
La palabra hebrea emuná suele traducirse como “fe”, y eso es lo que significaba en la Edad Media. Pero en hebreo bíblico la traducción más acertada es fidelidad, confiabilidad, lealtad. Implica no abandonar al otro en momentos de dificultad. Es una virtud clave de todo pacto.
Existen personas con grandes dotes, a veces tanto intelectuales como espirituales, pero que sin embargo no llegan a tener el éxito que hubieran podido lograr. Carecen de las cualidades morales de integridad, honestidad, humildad y sobre todo, de lealtad. Lo que hacen lo hacen brillantemente. Pero frecuentemente se equivocan. Conscientes de sus dotes inusuales, tienden a menospreciar a los demás. No resisten a la arrogancia, el orgullo y la suposición de que pueden evitar las consecuencias de grandes delitos. Bilam es un ejemplo clásico de esto, y el hecho de que planeaba incitar a los israelitas al pecado aun sabiendo que Dios estaba con ellos, es una medida de cómo los más grandes pueden caer a las profundidades más extremas.
Aquellos que son leales a otra gente, encuentran que recíprocamente, esas otras personas les son leales. Los que no son leales, a la larga generan desconfianza y pierden cualquier autoridad que pudieran haber tenido. El liderazgo sin lealtad no es liderazgo. Las habilidades solas no sustituyen a la las cualidades morales evidentes que generan la adhesión de la gente. Seguimos a aquellos en los que confiamos, porque sus acciones nos han generado confianza. Es por eso que Moshé fue el gran líder que Bilam pudo haber sido, pero que sin embargo,  no lo fue. Siempre sé leal a las personas a las que conduces.

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