Los objetivos de Rusia en Siria nunca fueron altruistas. Quería preservar una base militar en Oriente Medio para proteger sus intereses regionales, y buscaba proyectos de reconstrucción de posguerra para sus empresas como recompensa por apoyar al dictador sirio Bashar al-Assad. Moscú ha logrado el primer objetivo, pero el segundo está resultando mucho más difícil.
Dos visiones diplomáticas de la reconstrucción de Siria siguen chocando. Occidente insiste en vincular los fondos para la reconstrucción a un proceso político interno considerado ampliamente legítimo, la liberación de miles de prisioneros políticos y la garantía de seguridad para todos los sirios.





