Todo estrecho 

La iniciativa iraní de un plan nuclear tiene varias décadas. Todos estaban advertidos de los peligros. Todos estuvieron al tanto de las faltas a los acuerdos que se hicieron para llevar control de este. Contrapartes no confiables, y que no se tenían confianza, dejaron transcurrir un tiempo muy largo. El resultado fue un Irán con capacidades nucleares que estuvieron a punto de otorgarle la posesión de la temida bomba atómica en alguna de sus presentaciones. Y en paralelo, una capacidad de misiles de largo alcance y una industria de drones de las primeras del mundo. No hay dudas hoy en día en cuanto a los fines del plan nuclear tan mentado.

La fijación de Irán con Israel no tiene mucha lógica. No son países fronterizos. El conflicto árabe israelí y su arista mas delicada, el palestino israelí, no debiera ser de tanta incumbencia para musulmanes chiitas abogando por correligionarios sunitas. Llegamos al 2023, y hasta hoy, en franca conflagración, a toda máquina. Y con agravantes. Con muchos, todos, involucrados. Unos sufriendo más que otros.

El avance iraní y la pasividad internacional
Resulta que Estados Unidos parece caer en cuenta de los peligros que significa un Irán nuclear, con misiles balísticos, petróleo, proxies y el apoyo de los rivales del coloso americano. Cuando no se trata de apoyo, la simpatía o la indiferencia resultan también inaceptables. El tablero se complica porque Irán enfrentando a Israel, activa a el Líbano con Hezbollah. Desestabiliza los precios y el suministro de petróleo. De repente, caemos en cuenta de la pasividad europea. De la conveniencia china ante la eventual debilidad americana. De la incompetencia de la OTAN. De las ambiciones turcas. La falta de determinación de los países del Golfo Pérsico. De la importancia que tiene el hasta hace poco olvidado petróleo venezolano. 

Estrecho de Ormuz crisis. Amenazas van y vienen. Superadas en número y peligrosidad por cohetes y bombardeos. El estrecho de Ormuz se convierte en pieza clave para negociaciones o para desatar la furia mayor, anunciada tantas veces como postergada. 

Mientras, los israelíes oyen alarmas y van a los refugios. Una que otra vez, algún cohete o sus restos impactan una estructura y causa daños. Líbano a merced de una milicia al margen de la legalidad, sufre los embates del Israel agredido y con el norte de su territorio víctima permanente de la cohetería libanesa. Gaza, otrora protagonista de los titulares, se sume en un peligroso olvido que apunta a la reconstrucción silenciosa de las huestes de Hamás.

Ormuz como eje de presión global y escalada
Hace una semana, la amenaza del presidente americano de volver Persia a la edad de piedra viró a un cese temporal de hostilidades que abrió un compás de negociaciones. Al momento de escribir esta nota, las negociaciones parecen haber fracasado y de nuevo las amenazas están en el ambiente. El estratégico Estrecho de Ormuz será sometido a un cierre total por parte de los Estados Unidos. Mientras se intenta doblegar a Irán, el precio del crudo ha de subir, los cohetes se preparan para nuevas andanadas y el fin del conflicto luce algo lejano. Se atisba una nueva configuración del Medio Oriente, pero no la pacífica región que el mundo entero necesita.

Se viven tiempos de mucha turbulencia. Conflictos que no se aplacan en años, a pesar de la civilidad que pareció imperaría luego de la Segunda Guerra Mundial. Resulta que no hay enemigos o adversarios pequeños, que la disuasión parece un concepto erradicado, que las victorias y rendiciones son cosa de un pasado que era salvaje, pero que no ha sido sustituido por algo más avanzado, tampoco ético. A todas estas, los ciudadanos comunes y corrientes del planeta sufren las consecuencias en la cotidianidad misma. Es complicado viajar, es peligroso ir a ciertas regiones, la inflación parece azotar a todos. El lenguaje de los líderes mundiales es violento y desvergonzado. El bien se confunde con el mal, el fin parece justificar los medios. ¿Será que ya estamos viviendo los tiempos pre-mesiánicos de tremenda confusión y ausencia de valores?

El estrecho de Ormuz no parece ensancharse con nada de lo que viene ocurriendo. A todas estas, no hay mucho margen de maniobra. Todo luce muy complicado. Muy estrecho.

Queda el optimismo de las personas de fe. Más aún, la esperanza cierta que prive la buena voluntad de quienes rigen los destinos de sus naciones, del mundo.

Elias Farache S.

https://www.eia.gov/international/analysis/regions-of-interest/Hormuz

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